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ATENCIÓN: ¡¿Por qué a mí?! <-- Prólogo / Wattpad

Capítulo II --> Rastreo de copias / Wattpad

Táctica de batalla: la unión de mente y espíritu pueden contra el cuerpo, espíritu + cuerpo pueden contra la mente y cuerpo + mente contra el espíritu... hasta cierto punto en que los lleguen a necesitar.

La Ley de los Tercios

Ver a una rana hablar era tan típico como tocarse los dedos de los pies en un estirón, Veras quedó de una sola pieza cuando se fijó en tal personaje: le recordaba a un tritón pero en realidad tenía más parecido a una rana terrestre, era alta, verde y llevaba estampas negras en el torso, de postura relajada y sólo portaba un sombrero de ala ancha en su cabeza, aunque se lo había quitado para presentarse mejor, aunque le brotaban cuatro cuernitos en la coronilla.

-Ya, ya... no temas, ni te toqué, no podría si lo quisiera... bueno, entiendes el punto.

Veras se cacheteó infantilmente porque seguía sin distinguir la realidad, así que dio rienda suelta a su temor.

- ¿Q-q-q-qué carajos...? ¡¿Dime dónde estoy?!

-Pero no podemos quedarnos aquí, ¡ya tenemos que movernos!

-A ver, cosa rara... ¿pretendes que siga a un extraño después de que otro me hizo quién sabe qué cosas? ¡No me creas estúpido! -Veras retrocedió un poco, hasta tropezar con una piedra-. Ah... ¡y no cambiaré de opinión hasta que me expliques todo!

- ¡Pero qué testarudos son los humanos! No entiendo cómo dices que Arkadius V te hizo algo, él no es tan tonto como tú... De acuerdo, te prometo que te contaré todo ahora pero tenemos que irnos, quieras o no -respondió la criatura del sombrero.

Así, a regañadientes, Veras y el desconocido partieron rumbo a la dichosa montaña que sugirió el segundo, esperando a no encontrarse en apuros durante el trayecto. Hubo algo de tiempo para responder las mayores preguntas del humano, como que Arkadius V era un bandido de espíritus que vino del mundo humano para desequilibrar el Digimundo, también aclaró que el Digimundo era un mundo habitado por criaturas digitales conocidas como digimon y que estaba conformado por bases de datos, y no olvidó en detallar que Arkadius lo mató.

- ¡¿QUÉ DICES?! ¡¿ESTOY MUERTO?! -Veras no contuvo su sorpresa y se agarró el cabello con fuerza, incluso se le escaparon unas lágrimas. Su acompañante iba a posar una mano en su hombro pero se retractó al instante, olvidaba su naturaleza tóxica.

-Ahm... contrólate, no estás "muerto" del todo, ni siquiera estás...

-En el cielo, o el infierno -sollozó el joven.

-Eso, lo que sea. Eres apenas una de tus tres partes -explicó-, ¿ves la marca de tu mano derecha? Simboliza el cuerpo, tu estado actual.

La idea de estar dividido no contentó a Veras, quien aflojó sus brazos y se cayó de rodillas, hablando como tonto y soltando burlas.

- ¡Ja, supongo que mi mente y mi espíritu están volando por ahí! ¡Buen chiste, me parto de risa!

El anfibio no le siguió el juego y le venteó la cara con su gran sombrero para refrescarlo, se notaba su crisis nerviosa. A pesar del espectáculo, le tuvo paciencia al humano y siguió explicando.

-Parece que conoces la dinámica, Veras. De hecho, tu mente y espíritu fueron raptados también. Lo que no me explico es cómo se salvó tu cuerpo... Veamos, Arkadius debe tener tu espíritu entonces y otro bandido, tu mente.

- ¿Ah, sí? ¿Y cómo es que no estoy "muerto" si estoy dividido en tres? ¡Explícate! Eh... no sé tu nombre.

-Creo que necesitamos un lugar más tranquilo para que te ponga al día -la criatura de sombrero invitó al joven a treparse a unos robles cercanos para descansar, él no dudó en escalar pero seguía desconfiando.

Poco después de llegar a la copa de uno de los árboles, el dueto continuó su prolongada conversación.

-Mi nombre es Amphiremon, soy un digimon como los que habitamos este mundo.

-Yo soy Veras, vengo de la Tierra pero ya no sé qué creer... -escupió al terminar y escuchó al digimon.

-Al principio éramos seres libres, programas dentro de una gran base de datos que se ejecutaba por sí sola y sin interferir con otras dimensiones. De repente, con la incursión de la tecnología en la Tierra y los medios de comunicación, se abrió una brecha entre nuestros mundos. La Internet agravó el problema y algunos de nosotros se colaron en el mundo humano poco después.

- ¿Y?

- ¡¿Y?! ¡¿No entiendes la magnitud del problema?! Ah, bueno... es que no te he dicho por qué es malo.

Mientras Veras buscaba más respuestas, más enredado quedaba. Hubo tiempo para una explicación adicional que dejó más ubicado al joven: la infiltración de digimon malignos en la Tierra ocasionó alteraciones en el comportamiento de los afectados y así mismo empeoró la convivencia social, lo que dio origen a ideas descabelladas en ellos.

-Entonces... Arkadius pudo ser una de esas personas, ¿no? Porque dices que vino de la Tierra a desequilibrar el Digimundo... ¡Pero no entiendo qué tengo que ver con todo esto!

-Calma, calma, también eres una de esas víctimas y viste lo que te hizo ese rufián. Si en verdad te eligió para hacer parte de su equipo es porque te tiene miedo y por eso robó tu espíritu... lo que podría responder tu pregunta de hace un rato: no olvides que ahora estás en el Digimundo y eres un ser digital como yo, tus tres partes son copias de ti mismo.

El cuerpo, la mente y el espíritu de una persona en el Digimundo se habían separado y dos bandidos robaron parte esencial de ese ser, el ser de Veras. Su frustración fue tal que descargó su ira contra el tronco del roble y dejó un hueco. Haberlo golpeado no le dolió en absoluto, sorprendiendo a Amphiremon, quien reconsideraba su opinión sobre el humano.

-Al menos sé cuál es la conexión con mi venida, Arkadius me dijo que quería volverme un cazador y que sólo necesitaría mi espíritu... tiene sentido. ¡Pero no se saldrá con la suya y recuperaré mi espíritu y mi mente a como dé lugar! -Empuñó su mano izquierda, perdiendo el equilibrio y cayendo de la rama sin protección alguna.

- ¡Veras, no! -Amphiremon se agarró de la rama con sus patas y usó su sombrero para que el humano se sostuviera rápidamente. La atajada funcionó, el chico estaba agarrado del ala con una sola mano.

En un esfuerzo desesperado por mantener su cuerpo vivo, Veras se estiró para trepar por el sombrero, no tenía una rama de dónde agarrarse y Amphiremon no tenía manera de ayudarle.

-Ey... Amphiremon... dame una manito, ¿no? -Jadeó el humano.

-No puedo... mi piel es venenosa y te podrías enfermar si te toco... ¡tienes que darte prisa, me estoy despegando!

- ¡Pues aguanta, aún no llego a la rama! Y para colmo, tengo que escalar por tu cuerpo... ¡agh, esto parece un suicidio! -Veras siguió escalando hasta agarrarse del otro lado del sombrero, quedando cerca de la mano viscosa de Amphiremon- Ugh... ¡yo no te toco ni muerto!

- ¡Mal chiste, tarado! ¡Date prisa, siento que mis dedos se resbalan de la rama!

- ¡¿Pero qué hago?! ¡No alcanzo todavía las otras ramas! ¡Tampoco aguantaré más!

La pareja quedó pendiendo de una pata, Amphiremon resistía bastante para su tamaño pero todo tiene cierto límite. Fue en ese momento que Veras se armó de valor para aferrarse a la mano ocupada del digimon y lo tomó con la zurda. El guante funcionó como escudo, evitando que la piel tóxica afectara al humano, así pues el anfibio se balanceó y envió a Veras hasta la rama, librando sus manos y maromeando en el árbol para no caer. El susto fue extremo.

-Uff... estuvo cerca... vi cómo me rompía en más de tres si caía... Gracias, Amphiremon...

-No me agradezcas, sólo te doy un consejo: lava tus manos si no quieres pasarla mal -remató el digimon.

Conforme bajaron de los robles para proseguir su camino, anocheció y buscaron refugio en alguna cueva que hubiera en los alrededores. Amphiremon le platicó a Veras sobre la importancia de llegar a la montaña lo más pronto posible, pues no podía deambular incompleto y dejar que sus copias se perdieran en manos de los bandidos.

- ¿Crees que sea prudente recuperar primero mi mente o mi espíritu? Es que me siento idiota sin esas dos partes. Y no me explico cómo pasó todo de un momento a otro, lo último que recuerdo fue que Arkadius me dio tres gotas de algo rojo y asqueroso, y luego esa cosa blanca que parecía un fantasma me metió la mano en el pecho... y sólo pensé en pedir ayuda, pero no pude salvar mi esencia -el joven murmuró con desazón. Su acompañante lo escuchó atentamente mientras caminaban y tomaron una pausa.

-No importa cuál recuperes primero, es importante que tengas pronto las copias faltantes. Sé cómo te sientes y estoy dispuesto a ayudarte en la búsqueda, ¿está bien?

-Está bien... -dijo Veras mientras se miraba la mano izquierda-. Oye... ¿sabes por qué tengo este guante?

Amphiremon sonrió, mirando de reojo a su protegido, así que se adelantó y corrió hasta dar saltos en un momento. Veras se molestó, creyó que lo abandonaría y corrió a toda velocidad para seguirle el paso a la rana. Le gritó hasta perder casi la voz, suplicando espera entre cansancio y rabia, pues sentía que le habían tomado el pelo.

Varios metros más adelante, Veras se sostuvo en un tronco talado. Le faltaba enteramente el aliento, no podía correr más aunque lo quisiera. Cargar con su cuerpo vacío era un tedio, ni siquiera se sentía completamente cansado, tal vez era un reflejo de tipo "miembro fantasma" o algo similar. Deambuló a rastras unos centímetros hasta toparse con un rinconcito en el que había una fogata recién apagada y una tienda de campaña deshabitada, le fue raro que Amphiremon no le avisara.

- ¿Habrá saltado tanto que no se fijó? -Se preguntó Veras y exploró el particular campamento, todo estaba notablemente usado pero no quedaron rastros de algún campista-. Bah, esa rana se lo pierde. Veamos qué hay por aquí...

En su búsqueda, el chico encontró provisiones como latas de atún y frijoles, agua embotellada, una navaja suiza, cerillos e incluso dos cambios de ropa. Si había tal material, ¿qué pasó con los dueños del campamento? Se veía muy extraño el ambiente, tan tranquilo y escondido que causaba cierto repelús.

Más adelante, Amphiremon iba tan distraído que olvidó que estaba muy adelantado, perdiendo de vista a su protegido. Creyó incluso que se había escondido para burlarse.

-Oh, ¿me habré pasado? ¡Veras, ya me detuve! ¡Apúrate que vamos a medio camino! -Ya que no oía respuesta, caminó de regreso unos pasos para dar con el humano-. Ey, niño, no me hagas perder el tiempo, ¡aparece de una vez! ¡Sí, ya sé que me excedí pero no quiere decir que te vengues ahora! O qué, ¿no quieres recuperar tu mente y tu espíritu?

De ninguna forma se vio a Veras de regreso, Amphiremon se preocupó más y saltó por todos lados para avistar al chico desde el aire. Trepó cuanto árbol halló y no dio con su paradero. Veras se quedó en el campamento, encendiendo la fogata y aguardando a que amaneciera, sin preocuparse por la soledad pues confiaba en que su digimon acompañante regresaría por él.

-La ventaja de esto es que no tengo de qué preocuparme, todo estaba listo para mi llegada. No entiendo por qué Amphiremon aceleró al ir a la montaña, sólo quería saber sobre este guante -Veras miró de nuevo su zurda, detallando una lucecita en el puño de la prenda-. Esto no lo había notado, parece un botón... a ver qué hace.

El guante se iluminó y parpadeó varias veces, asustando al joven. Intentó quitárselo otra vez, sin resultado alguno, estaba tan nervioso como cuando Bakemon le quitó su espíritu. La banda luminosa dejó de mostrar una línea y proyectó una serie de ceros y unos que se volvieron letras... le estaban mostrando un mensaje como éste:

Rastreo por contacto: activado.

Sujeto en análisis: Amphiremon, digimon anfibio identificado como Espíritu de la Naturaleza, conocido por su habilidad de salto largo y envenenar a sus enemigos si los toca. Se dice que su sombrero está basado en el que portaron los mosqueteros pero a mayor escala, lo utiliza para su ataque especial, el Torbellino Ardiente.

Atributo: virus

Muestra snippet: veneno de piel, compatible con portador, 0,3 % de índice de toxicidad en acompañante.

La información básica de Amphiremon jamás fue tan detallada como en ese momento, confundiendo a Veras y dejándole más interrogantes. A pesar de todo, entendió que su acompañante podía ser un rival de cuidado al imaginar el ataque especial. Aprovechó las provisiones y abrió una lata de atún, tenía que alimentarse de todas formas por más que fuera sólo cuerpo. Lo cierto fue que el sabor del pescado era especial y le hizo delirar por breves momentos.

Amphiremon siguió buscando a Veras camino de vuelta, sintiéndose culpable de su burla. Su idea fue que él le siguiera sin remedio pero vio que fue mala idea adelantarse. Estaba muy preocupado, puesto que olvidó su responsabilidad y su promesa. Ya era muy tarde para seguir caminando pero no le importó, se ensañó en buscar a su apoderado, no podría con la culpa de lo que llegase a pasarle. Gritó en todas direcciones y buscó por debajo de las piedras, afinó su visión cuanto más pudo pero no daba con el humano.

-Soy un estúpido... soy un estúpido... ¡debí tomar más en serio mi regreso a la montaña con Veras! Ahora no sé cómo responderle al Activador. ¡Tengo que encontrarlo como sea! -Mordía su sombrero, estaba seriamente tenso y siguió con la búsqueda de vuelta.

Después de dos latas de atún y una de frijoles, Veras se satisfizo y bebió agua de una botella que tenía a la mano. Era natural que hubiera comido tanto, no desayunó desde la salida de su casa en el mundo humano. Disfrutó con creces de la carne blanca, sabía exquisito, tal vez demasiado.

-Esto es... maravilloso... ¡ni en las tiendas de la Tierra se ve comida de esta calidad, debo estar en el paraíso de los campistas! ¡Necesito más para llevar! -Estaba tan entusiasmado hasta el momento en que se dobló de dolor, una punzada atravesó su columna y luego recorrió su estómago-. ¡Agh, ¿qué me está pasando?! ¡Jamás me sentí tan dolorido por comer! -La tortura apenas comenzaba para el cuerpo errante, quien se quejaba fuerte, pensó que la comida estaba envenenada.

Poco después, un niño de menor estatura descendió de un brinco en el campamento. Vestía una túnica negra, era rubio y tenía una marca en la cara, parecida a la que tenía Veras en su mano derecha, sólo que de color rojo intenso, brillando tenuemente en medio de la penumbra. No veía, simplemente se acercó al humano con serenidad y con una daga empuñada en ambas manos.

- ¿Q-quién... eres? -musitó Veras, reducido por el fuerte dolor. El niño se aproximó más.

-Veras... me sorprende que alguien con tus dotes se deje engañar fácilmente por lo carnal. Te dejaste llevar por la pereza, debiste buscar más allá de lo que estaba frente a tus ojos.

-No has respondido... a mi... pregunta... ¡Aggg! ¡Siento que se me fuera a partir el estómago también!

-En cuanto Bakemon te sacó el espíritu, me fijé en ciertos detalles de tus otras copias. ¿Quién te manda a no mercar con anterioridad? ¡Jajajajajajaja! -Se rio el chico con picardía. Expuso su sonrisa de satisfacción, a la vez que tomaba el puñal con una sola mano y con la otra mostraba un objeto cristalino y entintado-. Creo que recuerdas esto...

Veras se sorprendió al ver el mismo diamante que goteaba la sustancia rojiza, estaba frente a Arkadius V pero en una versión engañosamente inocente. Trató de levantarse, cayendo de espaldas pues no resistía las punzadas.

-No soy un bandido corriente, me interesé por tu espíritu ya que me servía bastante pero no quiere decir que tu cuerpo y mente se salvarían. Tu poder de clarividencia entorpece mis planes de sintetizar a los humanos y es por eso que debo deshacerme de tus copias inservibles.

-Entonces... ¿quién tiene mi mente? Res...ponde, miserable... -Veras levantó la mirada, apenas para darle la cara a Arkadius. El rencor que tenía por perder parte de su ser se duplicó al enterarse de la atrocidad por la que pasaba-. No creo... que contestes, pretendes acabar con mi cuerpo... ahora...

-Sí... es una pena pero tiene que ser así. ¿Sabes? Me esmeré por este mundo, por volverlo algo más simple. Es decir, tanta criatura tan compleja, sin importar que sean datos... eso aburre, ¿entiendes? Y cuando la brecha entre la Tierra y el Digimundo se abrió ante mis ojos, y conocí a esas criaturas, me apasioné totalmente.

-Pfff... eso no es una pasión sana...

- ¡Para mí, sí! ¡Fue mi escape de la realidad, mi salida de la miseria social! Estudiarlos, descubrir de qué estaban hechos, cómo se comportaban... la mejor experiencia de mi infeliz vida -resopló el niño, aún con la daga en mano y con un aire de odio a su alrededor.

Amphiremon lucía perdido, de noche no pudo regresar por donde había saltado, hasta que finalmente halló señas de Veras cuando escuchó sus gritos no muy lejos, lo que le impulsó a apresurarse. Se sentía en el aire una fuerte presencia, alguien no deseado que le jugaba una terrible pasada a su protegido. Trató de calmar a Veras, gritando a todo pulmón y alertando a Arkadius V.

-Grrr... parece que alguien te busca, ¿ya tienes a un acompañante o qué? -El niño se enojó con el aviso.

-"Amphiremon... hasta que llegas, torpe... tendremos que ajustar cuentas si mi cuerpo sale vivo de ésta" -pensó Veras, aguardando lo peor.

-Terminemos con esto... al parecer, las provisiones no fueron suficiente para dejarte inconsciente pero tengo otros medios. Ya se encargó Bakemon de tu espíritu... aunque no quiero ensuciarme las manos con tu copia corporal. ¡Ogremon, aparece! -Gritó Arkadius, clavando el puñal en la tierra y abriendo una fisura de la que se asomó el digimon de cabellera blanca.

Veras abrió sus ojos cuanto pudo, el mismo Ogremon que acompañó al adulto Arkadius V apareció para cumplir con su propósito: molerlo a golpes. El mismo garrote estaba listo para ser blandido en el cuerpo humano.

-Mira a quién tenemos aquí... ¡Oiga, jefe! ¿Puedo aplastarlo a mi manera? -Preguntó.

-Haz lo que te plazca, quiero que muera su copia corporal de todas formas. Ah, y si te queda difícil a mazazos... la daga está enterrada justo a tu lado -Arkadius se fue entre el espesor de las sombras, dejando un rastro de aire corrupto que empeoraba el entorno. Lo único que le hacía contra, era la luz de la hoguera.

El dolor cesó tardío, lentamente Veras recobró las fuerzas, a sabiendas de no tener oportunidad contra un digimon tan pesado y rudo. Ogremon se lanzó al incauto, con intención de destrozarlo en pocos movimientos, el humano sólo rodaba débilmente para evadir los impactos.

- ¡Ayúdame, Amphiremon! ¡¿Por qué carajos no apareces?! -Gritó desesperado, escuchando las risas de su enemigo.

-No importa cuánto te muevas, no pasarás de esta noche, muchachito... -Ogremon azotaba su garrote con todo el peso de su brazo, dejando enormes cráteres al pie de Veras.

- ¡No quiero morir, no quiero!

-Pues no tienes opción... -Ogremon se valió no sólo del garrote, también de la energía oscura de sus puños para ultimarlo por partida doble-. ¡GOLPE DEL MAL!

En ese entonces, un destello surgió desde el fondo del camino y sorprendió a Ogremon, cegándolo a punto de asestar la ofensiva. Veras se echó al suelo y cubrió su cabeza, sintió que una ola de calor le iba a rostizar la piel, sin fijarse en lo que realmente pasaba. Amphiremon había aparecido justo a tiempo y cubrió a Veras en cuanto se disipó la luz de su llamarada, arrojó su sombrero como disco y lo envolvió por completo en fuego, distrayendo a Ogremon y evitando la trágica muerte del cuerpo digital. El digimon enemigo reviró por no lograr su cometido.

- ¡Errr, renacuajo estúpido! ¡¿Por qué te metes en lo que no te importa?!

-Cállate, haragán. No tocarás un solo pelo de este chico, ¡prometí que lo salvaría de perros como tú! -Refutó.

-Amphiremon... vi pasar mi vida por mis ojos... ¡pero eres un idiota por dejarme atrás! -Le regañó Veras, aunque dejó de lado su mal genio y nervios para agradecer su aparición.

-No tenía responsabilidades contigo pero me di el lujo de protegerte a todo costo, así que tu gratitud será completa cuando actives el guante. Por ahora no me queda otra opción que defenderte en mi etapa de campeón. ¡Busca dónde esconderte, me encargaré del ogro! -Le ordenó el digimon del sombrero, Veras lo miró con asombro por un instante y asumió su lugar, no sin desearle buena suerte.

-Odio las ancas de rana como entrada, pagarás por tu intromisión... ¡Maza de hueso! -Ogremon arrojó su garrote con fuerza, quería romperle los dientes a quien se atravesara en su camino. Por suerte, Amphiremon no fue presa fácil.

- ¡Danza de los sombreros! -El defensor utilizó su sombrero como escudo mientras que se movía ágilmente para retardar los ataques de Ogremon. La fuerza con la que voló la maza de hueso no fue impedimento para golpear a Amphiremon, de no ser por su sombrero, estaría seriamente herido.

-Por poco y te destrozo, ranita. ¡Aun así, no aguantarás más! ¡Puño del mal! -Golpeó solamente con su energía oscura, sin darle tiempo a Amphiremon de defenderse. El ataque acertó en un costado del anfibio, afectándolo al instante y provocando que gritara.

Cuando Veras escuchó el alarido de su acompañante, se tapó la boca de impresión. El impacto fue ruidoso, arrojó a Amphiremon contra unos árboles jóvenes a unos metros del escondite que encontró el humano, quien se asomó y animó al luchador.

-Amphiremon, ¿estás herido? ¿De verdad crees poder contra Ogremon tú solo?

- ¿Cómo me... preguntas si estoy herido, Veras? ¡Claro que...! Agh, sí... y te lo aseguro, me hace falta mucho para... vencerlo.

- ¡En eso tienes razón, batracio! ¡Ja, ja, ja, ja! -El rival se rio desde lejos, tomando impulso con la seguridad de taclear a Amphiremon. Veras no se atrevió a tocarlo sino que enfrentó a Ogremon sin más que el poco valor que recobró-. ¡Niñito, me la dejas fácil si estás de escudo, sabes que te mataré!

-No me importa, mi cuerpo no es importante si el de Amphiremon está en peligro... -con la mirada gacha, Veras mantuvo su posición y aguardó lo peor, pensando en los pocos momentos que vivió hasta entonces-. "Ya no importa nada, estoy dividido pero eso no me impide devolver el favor que Amphiremon me hizo, protegiéndome hasta ahora... ni siquiera este monstruo".

A pesar del inminente peligro, Veras enfrentó lo imposible y se plantó frente a Amphiremon, estirando sus brazos a los lados. Ogremon sonrió más que nunca y se lanzó a pocos metros del blanco. Una explosión de luz azul proveniente del guante de cuero envolvió al humano y a Amphiremon, bloqueando la visión del ogro y entorpeciendo sus planes. El tiempo se ralentizó fuera de la esfera de luz, ni el digimon anfibio ni su protegido lo entendían.

-Veras, ¿cómo lo hiciste?

- ¿De qué hablas? Yo no hice nada...

- ¡Activaste el guante, tarado! ¡Sólo puede hacerse en la montaña!

-Pues... no lo sé, pero me dijo cosas de ti mientras estaba en el campamento... ¡¿y qué hacemos?!

-Después vemos lo que pasó, ahora queda que contestes sinceramente a esta pregunta: ¿confías en lo que queda de ti?

-Este... yo... -Veras dudó por un momento de su propio cuerpo, Amphiremon lo apresuró entonces.

- ¡Responde, ¿sí o no?! ¡Vamos!

-D-de acuerdo... sí, confío en lo que queda de mí. ¿Estás contento?

La cúpula estaba desapareciendo, alertando al digimon del sombrero y haciendo que estirara su mano derecha frente al humano.

-Tócame con la mano izquierda, no queda tiempo...

- ¿Ah? Pero me dijiste que...

- ¡OLVIDA LO QUE DIJE DE MI VENENO, CONFÍAS EN TU CUERPO Y TIENES QUE DEMOSTRARLO! -Las emociones de Amphiremon revolaron, así que Veras se dejó de preguntas y obedeció.

La fluidez del tiempo regresó gradualmente fuera de la cúpula, Ogremon cayó al suelo y retomó su ofensiva pero ya era tarde. El contacto entre las manos del humano y su digimon fue oportuno, liberó una onda expansiva a la par con la síntesis de Amphiremon en digicode y su asimilación en la copia corporal de Veras. La banda del guante volvió a la serie binaria y mostró "Linkvolution activada", indicando que un proceso de cambio ocurría en ese momento.

No muy lejos, la versión infantil de Arkadius V ansiaba saber de la muerte del cuerpo de Veras. Sin embargo, a juzgar por la cara de repudio, aborrecía el golpe de suerte que presintió.

-"Ogremon me ha fallado, permitió algo imperdonable... ese maldito par pudo conectarse, ahora digievolucionarán y será más difícil detenerlos. Es hora de pensar en otro plan" -y con el ondeo de su túnica, su presencia de disipó entre las sombras. No quería saber del resultado de la batalla, seguramente estaba pensando en un castigo para su secuaz si sobrevivía a lo peor.

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