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Tercer día

La mañana se hizo clara, finalmente los aprendices y sus digimon estaban preparados para comenzar el segundo día de entrenamiento. En poco tiempo, cada humano aprendía lo básico para formar parte de los Guardianes del Glaciar; los D-Mobi estaban programados para registrar los avances de cada equipo, mediante un sistema de logros se mantenía la información al alcance de cada uno, permitiendo un estudio rápido y preciso en cada área que entrenaban. No era de esperarse que dicho sistema incluyera lo que Takeshi había hecho hasta ese momento: seguir instrucciones; de hecho, fue por eso que se internó en el Digimundo, también consiguió un digispirit, experimentó en carne propia lo que era ser un digimon… Tantas cosas buenas habían pasado hasta el momento que se enfrentó a Mikaru. Bueno, debía comprender que no siempre se vive de buenos ratos; los malos ratos también desempeñaban un rol crucial que lo mantendría alerta ante el peligro y mejoraría sus habilidades de supervivencia. Y no está para menos hablar de Nanokorimon, el pequeño digimon de Takeshi le hacía una compañía imprescindible, ayudando también a complementar en buena parte su entrenamiento en el Sector 11.

Después de que Frigimon se reunió con el Soberano, decidió volver tan pronto a cumplir con su labor de vigilar al equipo de Takeshi y al de Mikaru; no lucía muy convencido de las órdenes que había recibido, pero debía cumplirlas. Aun así, un extraño presentimiento lo perturbaba y evitaba que dejara de pensar en lo que Gigakoridramon planeaba hacer con ellos… tenía muy en mente tratar de advertirles sobre lo que pudiera pasarles, pero el Sector 11 tenía una vigilancia muy fuerte y debía hacérselos saber de alguna forma.

Siendo las 10:00 a.m., los aprendices estaban listos y formados en el campo de entrenamiento del reino. Cada equipo recibió un arco y un juego de flechas, la temática estaba clara… excepto por que los equipos trabajarían en pares. Como si se tratara de alguna escuela, humanos y digimon se emparejaron tan pronto como pudieron. Los últimos en reunirse fueron Takeshi y Nanokorimon con Mikaru y Velkemon. Otro problema con el infortunado encuentro era el evidente agotamiento de ambos humanos por la fuerte batalla de la madrugada. Como pudieron, trataron de organizarse para realizar las prácticas… Siguieron paso a paso el programa de entrenamiento con arco y flecha: ambos fueron los peores en atinarle a las dianas que tenían en frente; ni siquiera con la ayuda de sus digimon lograron acertar al centro. Luego, intentaron disparar una flecha para atravesar una manzana puesta en la cabeza del contrario… ¡Takeshi por poco le clava una flecha a Mikaru en el hombro y éste casi deja tuerto al primero! Si no hubiera sido por la intervención de Nano y Velkemon, respectivamente, ambos estarían gravemente heridos, o peor. Para terminar, tuvieron que disparar sus flechas hacia un determinado punto y reforzarlas con ataques combinados de sus compañeros digitales; ahí fue donde los digimon fallaron, aunque menos que sus agotados aliados. El supervisor de turno quedó extrañado con el bajo desempeño de ambos equipos y decidió llevarlos ante el Soberano. Tal fue la preocupación de los chicos que no pudieron ocultar su nerviosismo e incluso Takeshi tembló más de lo normal. Ya en presencia de Su Majestad, Gigakoridramon escuchó el caso relatado por el Frigimon supervisor.

—Conque los dos peores en desenvolverse en esa etapa, ¿verdad? Es evidente, ninguno está en condiciones de participar por unas horas. Frigimon, encárgate de llevarlos a la enfermería y que se recuperen pronto. En la tarde deben estar en forma, tendrán un ensayo para las justas —ordenó Gigakoridramon.

Las justas… Esos duelos montados en caballo, con lanzas largas y las agallas para derribar al adversario de su equino. ¿Eran igual en el Digimundo? Bueno, no mucho porque no había caballos, no usaban lanzas y se hacían dos rondas a mano limpia; una era llevada a cabo por los aprendices humanos y la otra por sus compañeros digimon.

—Disculpe, Su Majestad… ¿es necesario llegar a ese punto? No creo que estemos preparados totalmente para ese fin —dijo Takeshi, Mikaru se sintió ofendido y respondió de inmediato.

—Habla por ti y tu digimon, Velkemon y yo estamos listos para esa prueba —luego dirigió su voz a Gigakoridramon—. Estaremos recuperados en ese tiempo, puede contar con ello.

Gigakoridramon se sintió muy complacido al oír las determinantes palabras de Mikaru, a Takeshi le parecía una locura porque no sabía si de verdad estarían recuperados tan pronto. El Soberano les ordenó a ambos equipos de aprendices que se adelantaran hacia la enfermería del reino, después pidió que cerraran la puerta del Gran Recinto e impidieran el ingreso a extraños sin previa autorización. Miró fijamente a Frigimon y le habló con suma seriedad.

—Esos dos chicos se enfrentaron fuertemente, espero que los pongas a punto cuanto antes… debo ver de lo que son capaces esta tarde. No deben faltar al ensayo, es una orden. Ah, también espero un reporte detallado a la medianoche, quiero que detalles su comportamiento antes, durante y después de la batalla preliminar, nadie más debe enterarse de esto. ¡Ahora vete! —ordenó. Frigimon se retiró a paso ligero del lugar. Tenía tantos pensamientos en mente que no dejaba de preocuparse.

—“Vaya, el rey está muy interesado en esos dos chicos… ¿Qué lo tiene tan atraído? Se nota que le preocupó su bajo rendimiento en la prueba de arco y flecha, pero no es como imaginaba. Debo llegar al fondo de este asunto” —pensó Frigimon mientras que alcanzaba rápidamente a ambos chicos—. Vamos rápido, síganme.

Curiosamente, el grupo tomó un camino diferente al que conducía a la enfermería. Velkemon le preguntaba a Frigimon por qué desviaron, pero él no respondió. Se detuvieron en un paraje oculto entre el respaldo del castillo y la frontera que daba hacia el Sector 10.

—Estuve viéndolos desde que se escaparon a no-sé-dónde. Seguro que estaban arreglando sus diferencias a la antigua… ¿o me equivoco? —Dijo con suspicacia el Frigimon supervisor. Tak y Mikaru no se miraron directamente, estaban ruborizados y parecía que tuvieran letreros en sus rostros.

— ¡Él me siguió, simplemente quise dar una caminata de madrugada con mi digimon! —Alegó Takeshi. Sin embargo, Mikaru se rio y respondió sin vacilar…

—Bah, lo dices porque conseguiste el digispirit de AuroDramon… admítelo, querías saber más de tu nueva adquisición. Por eso te seguimos, comprobé mis sospechas en batalla, ¡la próxima vez, ganaré!

Frigimon chitó a Mikaru, previniéndolos de una segura vigilancia que hacían los demás Frigimon del reino. Aunque estaban en un punto ciego del sitio, no era totalmente seguro hablar en voz alta sobre lo sucedido. Sin omitir detalles, el supervisor les dijo lo que sucedía con las estrictas órdenes del Soberano acerca de su recuperación exprés. Ambos chicos estaban tan sorprendidos como extrañados por la singular decisión del rey. En cuanto fueron enteramente informados, retomaron el camino hacia la enfermería para iniciar ese veloz procedimiento de recuperación. Tuvieron que actuar tan natural como podían para no levantar sospechas de su tardanza al llegar. Frigimon mantenía su fría actitud y evitaba tener conversaciones con los dos jóvenes, no quería el Soberano descubriera que les estaba informando de sus extraños propósitos.

Al llegar a la enfermería, no encontraron mucho de diferente a una de la Tierra, salvo unos equipos médicos que en nada se parecían a los de los hospitales; igualmente, los chicos observaron las extrañas medicinas con que trataban a los pacientes. En esas, una criatura con forma de ave rosa y un grillete en una pata los recibió: era una Biyomon, servía de asistente a otro de los Frigimon que atendía la enfermería. El supervisor dejó a los chicos en manos de los enfermeros, frunciendo sus brillantes ojos negros y haciéndoles notar que no debían mencionar nada de lo que se habían enterado. Tuvo cuidado de no quedarse mucho en tal expresión, aunque pareció que a los enfermeros no les importó mucho. Los jóvenes recibieron un tratamiento especial, en la enfermería usaron una especie de suplementos energéticos para Takeshi y Mikaru, no tenían buen sabor para los humanos y éstos se quejaron de inmediato, pero resistieron el tiempo de restitución de energía hasta el final.

—Qué asco… puaj, eso no sabía a nada bueno… Mikaru, ¿a ti te gustó? —Una vez más, Tak intentó congeniar con su rival, quien no le dirigió siquiera la mirada, estaba cabizbajo—. Mikaru, ¿Te sientes bien?

—Debería odiarte por estar a mi lado en este lugar, Takeshi, pero sé que no. Siento como si algo me obligara a tenerte desprecio, pero eso no va conmigo… y ahora que nos vamos a liar en una justa, ¡bah, no sé qué pensar! Debería ganarte, odiarte y ganarte —contestó con total molestia. Ante esto, Tak dejó de hablarle y miró hacia las afueras de la enfermería.

El sol se ocultaba, los preparativos ya estaban casi listos para el ensayo y la esperada presentación final. Cada aprendiz y su digimon tenían su respectiva armadura. Poco a poco se agruparon en el campo de entrenamiento mientras que los jueces y espectadores se ubicaban en las gradas, dejando un gran espacio para el recibimiento del Soberano. Los Frigimon tomaban posiciones de inmediato para recibir a Gigakoridramon. Las gradas se llenaron en unos minutos mientras que, a pasos agigantados y haciendo vibrar el sitio, el rey se acercaba a su lugar. Todos los presentes estaban de pie, firmes y atentos a la venida del enorme digimon. Cuando Takeshi y Mikaru se recuperaron por completo, se apresuraron para ir con los demás y tomar su turno.

Estando completamente reunidos, Gigakoridramon se dirigió a los asistentes y les habló fuerte. Tenía mucho que discutir, pero no era el momento adecuado, por lo que se ciñó a un corto discurso.

—Esta muestra es para probar de forma preliminar lo que aprendieron hasta el momento, desde su llegada al Sector 11. Los futuros Guardianes del Glaciar deben ser de alto nivel, no pueden doblegarse ante el peligro ni manchar la reputación de tan noble y antigua estirpe. ¡Es hora de ver quiénes cumplen con mis expectativas, sobre todo porque así conservarán todos sus recuerdos y conocimientos de este lugar! Así como a sus compañeros —anunció el Soberano. La multitud quedó atónita, sin embargo, hicieron lo posible para no contradecirle—. ¡Que comiencen las justas!

Sin vacilar, los jueces se posicionaron frente al campo. Cada equipo estaba ubicado en cada extremo de la pista, organizados tal y como saldrían a luchar, según lo programado por el comité organizador. Un Mojyamon árbitro se puso justo en la mitad de la pista para dar la largada en cada encuentro. El panel de jurados observaría detalladamente el choque de los contrincantes, dependiendo del punto al que acertaran, obtendrían una calificación. Poco después comenzó el primer equipo: los humanos partieron con determinación, corriendo como si no hubiese mañana. Sus armaduras eran algo engorrosas para moverse, pero no les impedía golpear fuertemente a su adversario. La cota de malla que los cubría era suficientemente resistente. Literalmente, al llegar al punto de encuentro —en la mitad de la pista, frente al árbitro— tenían que atinar fundamentalmente el yelmo del rival y descubrirse la cara; sin ninguna clase de arma, sólo con su fuerza. Así mismo sucedía con los compañeros digimon de aquellos que estaban en la primera ronda. El número de participantes se redujo: siendo un ensayo, los puntajes sólo contarían como parte de experiencia, no de calificación final para el encuentro del día siguiente. El nivel promedio de los competidores era promisorio para el Soberano, aunque estaba muy interesado en los equipos de Takeshi y Mikaru por obvias razones. Intentó contener su ansiedad —curiosamente, no tenía mucha expresividad en su rostro, pero lograba transmitir emociones— para que no llegasen a sospechar o preocuparse por él.

Llegó el turno de Takeshi y Mikaru, puede sonar predecible, pero alguien había sugerido esa organización. De todas formas, el comité no podía actuar por su propia cuenta; el propio rey tenía que estar al tanto de lo que veía. Tak y Nanokorimon estaban al lado izquierdo de la pista, tenían una armadura plateada y reluciente. Cada uno estaba dispuesto a lograr un gran puntaje. Por otra parte, Mikaru y Velkemon lucían serenos; especialmente, este último. El joven, de armadura dorada, se notaba un tanto rudo al observar al equipo opuesto con un aire de determinación muy diferente al de anteriores ocasiones.

—“Este es el momento que he estado esperando… Voy a ver cómo me sorprenden estos chicos. Posiblemente haya más sorpresas guardadas en esta oportunidad” —pensó Gigakoridramon.

Los humanos comenzaron, se arrojaron sin pensarlo, corriendo a pasos largos en la pista hasta encontrarse en el punto medio. Ni siquiera dieron tiempo a Mojyamon para dar la partida. Fue tan impactante el encuentro que nadie pudo exhalar un suspiro: ambos chocaron sus botas apenas por unos milímetros, casi que en el centro mismo de la línea divisoria. Uno de los dos lanzó un golpe certero al torso del otro. Ese fue un ataque contundente, aunque fallido; debido a la destreza que lo caracterizaba por sus prácticas en diferentes ocasiones en la Tierra. El atacado eludió el fuerte puño de su rival y dio una voltereta hacia atrás, lanzando una patada hacia el yelmo, arrojándolo a pocos metros del competidor. Nadie se esperaba una respuesta de tal magnitud. Los jueces otorgaron una puntuación de 95, en una escala de 1-100, por un movimiento con tal complejidad… En esas, el rey se levantó.

— ¡¿Cómo hiciste eso?! ¿De dónde aprendiste tales movimientos? —Mikaru no podía ocultar su asombro, su yelmo rebotó unos centímetros antes de quedar fuera de la pista.

—“Es impresionante… no creía que el digikarate haría parte de mis habilidades humanas. ¿Cómo sucedió? Sólo me moví así cuando me convertí en AuroDramon y luché contra Midolizmon…” —pensó Takeshi con cierta sorpresa. Le dirigió una mirada absorta a Mikaru sin cruzar una palabra. Luego se puso firme y dio media vuelta para volver a su extremo de la pista, relevando a Nanokorimon para que compitiera.

Velkemon vio la cruda expresión que Mikaru llevaba al regresar a su posición inicial. Estaba tan atónito y a la vez se le notaba enojado. Trató de mantenerse calmo mientras que pasaba la siguiente ronda de sus equipos, a la vez que relevaba a su compañero digital. Tanto Velkemon como Nanokorimon se lanzaron a correr como sus aliados, con la diferencia que, al llegar a la línea media, no atinaron golpe alguno. ¡Era el primer encuentro de digimon que erraba! ¿Acaso fue a propósito?

—Nanokorimon, esto no prueba nada… estamos en igualdad de condiciones y con habilidades similares para probar quién es más que el otro —habló Velkemon con su puño extendido y muy cerca del costado del rostro del adversario.

—Así es, amigo mío. No vale la pena que nos golpeemos aquí. Habrá más batallas en las que luchemos juntos —respondió, igualmente con su brazo extendido y rozando el yelmo de Velkemon. Ambos bajaron sus brazos y retrocedieron unos pocos pasos, aun permaneciendo frente a Mojyamon. En esas, Gigakoridramon se molestó y levantó sus brazos, atrapando a los dos contendientes con sus garras extensibles.

— ¡Se supone que ustedes se reñirían como sus amos! ¡Tienen que pelear, es una orden! ¿O acaso quieren morir asfixiados y condenados por su desobediencia? —Exclamó irascible el Soberano, los aprendices se asustaron con tal explosión de enojo, Tak y Mikaru se preocuparon de inmediato.

— ¡Déjalos! —le reclamaron a Gigakoridramon sin saber que todo empeoraría. El Soberano saltó de las gradas, llegando al centro de la pista en un solo paso. Mojyamon por poco fue aplastado por el gigantesco rey que rabiaba como nunca.

Jamás se presentó una reacción tan explosiva de parte del Soberano, los jueces intentaron calmarlo, pero fue imposible; no había poder humano —ni digital— que lograra apaciguarlo. Sus víctimas, Nanokorimon y Velkemon, eran constreñidas lentamente por la fuerza de sus electrodos, ni siquiera sus compañeros lograban digitalizarlos con los D-Mobi.

El Frigimon que había servido por tanto tiempo a su rey también estaba aterrado y posiblemente sin sorpresa alguna, esperaba tal actitud ya que al rey le gustaba ver cómo luchaban sus súbditos. Trató de acercarse a Su Majestad para hacerlo entrar en razón.

— ¡Por favor, deténgase! ¡No cargue con la culpa de ejecutar a dos de sus aprendices! ¡Tenga compasión, no están en las luchas reales! —Frigimon hacía lo posible para convencerlo, infortunadamente la respuesta de Su Majestad fue la peor en toda la jornada…

Gigakoridramon tomó a sus rehenes con una sola mano y ejecutó a su vasallo con su espada Stalagmite, le arrojó una exterminadora descarga de energía combinada con una temperatura de casi -220 °C, causando al pobre muñeco de nieve un efecto de “supercongelación”. Frigimon fue reducido a la nada, su digicode se desplegó y desapareció ante el asombro de los presentes. La noche había arribado hace poco tiempo, las horas volaron mientras los competidores eran evaluados. Prácticamente era medianoche y marcaba el inicio del tercer día.

—Acabaste con uno de los tuyos… ¿Cómo fuiste capaz? Estás demente… ¡y ahora quieres acabar con nuestros amigos porque no quisieron pelear! Es imperdonable tan bajo acto de cobardía… ¡¿por qué acabaste con Frigimon, maldito?! —Takeshi estaba conmocionado, su rechazo era tal que se atrevió a rebelarse contra Gigakoridramon, señalándolo desafiante con su dedo índice. Mikaru, estando a su lado, sólo apretaba los puños ante la horrible reacción del susodicho.

Gigakoridramon se rio y arrojó a sus cautivos a las afueras del reino, como si fueran basura. Estaba desquiciado, borraba con locura lo que había construido con tanto uso de la razón… o bueno, eso era lo que podían pensar a su alrededor. Destruía cada rincón del campo de entrenamiento con sus garras cableadas: árboles y troncos restantes, parte de las construcciones del castillo, la cabaña de la enfermería, el dormitorio de los aprendices… incluso cavó enormes cráteres en el suelo, dejando descubiertas algunas zonas de digicode.

—Ustedes son basura, nadie podrá destruirme por más que lo intente… ¡nadie! Los consideré como mis mejores vasallos… eran mis piezas clave para extender la orden de los Guardianes del Glaciar por muchas generaciones, tenían las agallas para luchar y la sangre fría para mantenerse en pie… No tenían mácula de desobediencia, excepto aquella vez que se escabulleron del dormitorio y tuvieron su lucha en las afueras del reino. ¡Eran perfectos para mis fines, pero sus amigos lo arruinaron! Sufrirán toda mi ira, ¡Todos pagarán, no se salvará nadie que esté en este reino!

Nadie lograba contener a Gigakoridramon, Takeshi y Mikaru no tuvieron más opción que huir de cada mortal ataque del rey para llegar a sus compañeros. El reino estaba desmoronándose con cada golpe, los súbditos se perdían entre cada finta, sus datos eran borrados tan rápido como lograban huir los pocos aprendices de las ruinas del castillo y sus alrededores. Los dos aguerridos aprendices se acercaban a los límites del reino en medio del estertor. Con la ayuda de los D-Mobi, lograron localizar a sus compañeros a tan sólo unos metros de la muralla de troncos y árboles que enmarcaba parte del reino.

— ¡Velkemon, Nanokorimon! ¿Creen que podemos salir de aquí con vida? —Mikaru les preguntó mientras ayudaba a su amigo verde. Parecía que no podían moverse mucho.

—Lo siento… no creo que lo logremos tan fácil… Ay… —Velkemon respondió. Mientras tanto, Tak apuntó a Nanokorimon con la cámara trasera del D-Mobi para rescatarlo.

La furia de Gigakoridramon era arrasadora, avanzaba con razón ciega hacia su principal objetivo. Se sentía una vibración intensa con cada paso que daba, aproximándose a la frontera entre el Sector 11 y el Sector 12. No había tiempo para pensar ni forma definitiva de escapar. Los digimon de Takeshi y Mikaru no parecían estar en condiciones de luchar, no quedaba más que hallar un escondite.

—Te propongo una tregua, Mikaru… Tenemos la muerte pisándonos los talones, ¿nos vamos ya y sin revirar por escapar juntos? No creo que alguien nos ayude ahora… —dijo Takeshi, Mikaru no le respondió. Aun así, se adelantó en huir del lugar—. Oh, de acuerdo… lo tomaré como un “sí”.

Lo que pasó en el reino fue un preludio para acabar así… los aprendices creían haber servido al Soberano de forma incondicional y fiel, pero terminaron como blanco de sus desenfrenos. Nadie esperaba tal muestra de locura del que era un “ejemplo” de bondad y gran liderazgo, sólo unos cuantos lograron ocultarse del destructivo temperamento de Gigakoridramon, nada ni nadie parecía salvarse de su paso exterminador.

Cada vez se acortaba la distancia entre el perseguidor y Mikaru y Takeshi, quienes habían agotado todas sus fuerzas tratando de correr. La madrugada de ese tercer y último día de entrenamiento parecía no tener un inicio; claro, si se le podía llamar “tercer día de entrenamiento”. Un último golpe de la espada Stalagmite de Gigakoridramon abrió una grieta profunda en el camino de los jóvenes, casi tragándolos… el ambiente fue rasgado por un grito de muerte, Mikaru intentaba mantenerse con vida, colgando del áspero borde de la grieta. En un tremendo esfuerzo, Takeshi hizo lo posible para no caerse mientras que los dos escuchaban las carcajadas malévolas del rey. Uno de ellos se soltó y el otro lo tomó como pudo, con un brazo.

— ¡No me sueltes, Takeshi, por favor! Sé que no he sido el mejor contigo… no quiero morir y menos aquí… ¡lo siento, no debí causarte tantos problemas! —Gritaba Mikaru, desesperado por mantenerse vivo.

—Ni que estuviera loco… vamos, ayúdame a llevarte al borde… Tienes que ser fuerte, siempre lo has sido y… este es el… momento… —Takeshi se esforzaba por ayudar a Mikaru. A pesar de sus buenas intenciones, no tenía las suficientes fuerzas.

La grieta abismal no parecía tener fondo, ni un tramo de digicode se veía. Los D-Mobi recargaban a los digimon, así que no había manera de digievolucionar. Ambos pendían de una mano, literalmente. Las pisadas de Gigakoridramon hicieron vibrar el suelo una vez más, desmoronando lentamente los trozos de tierra suelta.

—Su castigo es la muerte… ¡hasta nunca, ingratos! Díganle adiós a su querido hogar y al Digimundo —así pues, Gigakoridramon sacudió la zona con una última pisada.

El lamentable hecho hizo que Takeshi se soltara y cayera con Mikaru hacia el fondo del abismo. Fue un fatídico final para los aprendices de caballero, la oscuridad se los tragó en un santiamén mientras gritaban aterrados… pero un sonido cortó el momento, sonó como el blandir de un sable que partía una caña de bambú en dos…

—“Tak, ya es de día… ¿qué no debiste levantarte temprano? Son las 8:15 a.m.” —decía Nanokorimon desde el D-Mobi. En un sobresalto, Takeshi despertó y cayó de su. La luz de día lo cegó en cuanto vio hacia la persiana entrecerrada de la ventana de su habitación. Estaba vivo de milagro, fue como si nada hubiera pasado en realidad…

¡Revive el capítulo IV! Contenido Capítulo VI, ¡próximamente en Digimon Fanon Wiki!

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