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De cara al adversario

En tierra firme, Velkemon y Mikaru observaban al digimon volador, aún se preguntaban quién alcanzó el nuevo nivel. Tenían poco tiempo para regresar al campo de entrenamiento, así que Mikaru le pidió a su digimon que atacara con cualquier cosa.

—Pero si es un digimon de naturaleza humana… ¿Podré hacerle daño? —Preguntó Velkemon.

—Haz lo que sea, quiero ver cómo reacciona. Eso me dará ideas para saber quién está detrás de todo esto. ¡Apúrate, no queda mucho tiempo! —insistió el humano. Para su desdicha, AuroDramon los había descubierto desde el aire.

—“Así que allí se encuentran mis rivales, ¿eh? Creo que quieren descubrirme… no les daré el gusto, tendrán que hacer algo mejor para atraparme” —pensó, se lanzó en picada y agarró a Mikaru por la espalda y a Velkemon de las orejas.

¡Látigo del…! ¡Ey, suéltame! —Velkemon no completó su ofensiva.

— ¡Déjanos en paz, ¿qué quieres de nosotros?! —Gritó Mikaru, revoloteando en el aire.

—“Ser un digimon es impresionante, me divertiré con este par y así me dejarán en paz por un rato” —meditó AuroDramon y luego se dirigió sus víctimas—. Siento decepcionarlos, pero no podrán ni hacerme cosquillas. Disfruten de este paseo gratis…

Los tres volaron por unos minutos mientras que los guardias Frigimon cerraban la gran puerta del Reino y avisaron que el receso había terminado. AuroDramon se dio cuenta y aceleró el vuelo para volver al campo de entrenamiento. Mikaru y Velkemon lo miraban confundidos, preguntándose qué sería de ellos.

— ¡Adiós, chicos, sigan su camino y no me persigan de nuevo! —AuroDramon los soltó, con una mueca sonriente, justo en la gran copa de uno de los árboles verdes, ambos cayeron estrepitosamente entre las ramas que frenaron su caída, pero sin impedir su choque contra el suelo nevado. El joven Mikaru quedó debajo de su compañero digimon, exclamando un ay mientras veía escapar a AuroDramon.

—Rayos… no voy a dejar que ese… tonto… se vuelva a burlar de nosotros —Mikaru refunfuñaba, levantándose y sacudiéndose. Velkemon cayó de espaldas, pero se repuso pronto y ayudó a su amigo.

—Ese digimon nos hizo una buena jugada, ji, ji, ji… uy, mis orejas… Tranquilo, Mikaru, mejor vamos a entrenar. El tiempo se pasó rápido y no hemos hecho nada en todo el día.

Por otro lado, AuroDramon siguió volando un rato por los alrededores. Evitaba que los guardias de reino lo vieran, posiblemente lo atacarían sin saber que es uno de los aprendices. De repente, una fuga de digicode advirtió que su tiempo había terminado: la descarga se incorporó en el D-Mobi y Takeshi volvió a su forma humana, quedando suspendido en el aire por un momento hasta que cayó en un tanque de agua helada que lo esperaba detrás del campamento. El chapuzón alertó a unas criaturas peludas que rondaban por ahí, eran de pelaje blanco y grandes extremidades, casi no se les veían sus ojos: era un grupo de tres Mojyamon que transportaban los tanques. Uno de ellos se asomó en el tanque que chapoteó, viendo cómo Takeshi se asomaba por la orilla y temblaba de frío.

— ¿Sales o no? Parece que nunca te hubieras bañado en el agua de un lago helado —dijo uno de los Mojyamon.

—T-t-tengo q-que salir d-d-de aquí… hay e-entren-n-amiento… —El chico tartamudeaba mientras veía a las singulares criaturas, le recordaron la figura del mítico yeti en la Tierra. Como pudo, salió del tanque y revisó su D-Mobi con las manos temblorosas. Caminaba sin rumbo fijo para buscar calor, a su vez los Mojyamon murmuraban mientras movían los tanques.

De alguna forma, Takeshi se las arregló para conseguir ayuda y calentarse un poco, escurrió su abrigo de nivel aprendiz y aprovechó que algunos digimon tenían poderes de fuego para calentarse; no sin antes tratar rápidamente con cada uno de ellos. En la distancia, Mikaru observaba el raro comportamiento de Tak mientras entrenaba algunas habilidades extra con su compañero. Se dio cuenta de que fue el único aprendiz que había llegado tarde al entrenamiento.

— ¿Por qué miras tanto a Takeshi? —Le preguntó el pequeño Velkemon, dando golpes a las manos de Mikaru.

—Creo que él es mi primer sospechoso. AuroDramon estaba volando por los alrededores cuando nos dejó caer, lo vi de reojo. Y ahora que veo a Takeshi, llegando hasta ahora y en esas fachas… me pregunto qué lo retrasó tanto. Al menos los guardias no le hicieron nada por eso. Y no me cabe en la cabeza que no estuvo antes en el campo —reflexionaba el joven, bloqueando con fuerza cada golpe de Velkemon.

Takeshi salió bien librado, en efecto los guardias le preguntaron por su tardanza y tuvo que arreglárselas para no contar de su digievolución. Materializó a Nanokorimon para seguir su entrenamiento, imitando a sus compañeros. Antes de toparse con los Frigimon instructores se enteró de su recompensa: cuando cayó al abismo, sus sentimientos excedieron los límites por su accidente casi fatal. El digispirit de AuroDramon reaccionó y se integró en su D-Mobi, haciendo que Nanokorimon volviera y se combinara con el digispirit en una carga de datos. En la fusión con el humano, los conocimientos digitales inundaron su mente y adquirió la conciencia de su compañero en cuestión de segundos; de esa forma, Tak se enteró de sus nuevas habilidades.

De vuelta al Gran Recinto, uno de los guardias le contó detalladamente al Soberano lo que vio, exactamente de la llegada de Takeshi al entrenamiento. Frigimon vio cuando el niño cayó en los tanques, esto interesó a Gigakoridramon.

—Mhmmm… es una promesa del reino. Ese chico y su compañero Nanokorimon hacen una buena pareja, es lamentable que me ocultaran lo sucedido en su ausencia. Bueno, algún día sabrán que me enteré por otras fuentes… y que no me encuentren de mal humor en ese momento porque los ahorcaría con mis electrodos —dijo el soberano, luego volvió a su súbdito—. De acuerdo, Frigimon, hiciste un buen trabajo. Mantén bien vigilado a ese par y que no te descubran, tengo unos buenos planes para ellos… —concluyó, aún sentado en el trono y mirando fijamente al muñeco de nieve, no quitaba las manos de las abrazaderas.

Cayó la noche, y Takeshi y Nanokorimon se preparaban para dormir; fueron asignados a una litera, cerca de Mikaru y Velkemon, que estaba a dos camas de distancia en el dormitorio digital. Desde la cama de arriba, Tak miraba pensativo el techo dotado de algunas rendijas y claraboyas. Con una mano tomó su D-Mobi y observó la hora, el tiempo se le hizo eterno para ser su primera noche en el Digimundo, se preguntaba si lo extrañaban sus padres y/o sus amigos. En el otro extremo, Mikaru lo observaba con algo de desdén, aunque parecía que sentía lo que Takeshi; aun así, no dejaba de preguntarse si él tenía que ver con AuroDramon. Por otra parte, Tak había vuelto su mirada hacia Nanokorimon, quien dormía plácidamente en sus piernas.

Horas más tarde en la madrugada, Nanokorimon entreabrió un ojo. Se levantó primero que nadie y tomó a Tak de su pijama, despertándolo e invitándolo a salir del cuarto. Tratando de hacer el menor ruido posible, bajaron de su estancia y se escabulleron por la salida del dormitorio, evitando ser descubiertos por los guardias Frigimon. Sin saberlo, Velkemon también despertó tras escuchar la propuesta de Nano a su aliado; así que animó con cuidado a Mikaru y los siguieron.

En las afueras del dormitorio, Tak buscaba alguna manera de contener la calma por haber salido tan temprano. Nanokorimon lo alentaba a seguir, pero manteniendo el perfil bajo. Takeshi se detuvo para tomar un respiro, cubriéndose del ángulo de visión de los Frigimon circundantes.

—Estoy nervioso, dejar el dormitorio fue mala idea, Nano… —susurraba.

—Sé valiente, por algo lograste conseguir el digispirit de AuroDramon y parece que eres el único en obtenerlo al primer intento… si pudiste enfrentarte a las instrucciones, ¿por qué no vas a saltarte un poco las reglas? —Manteniendo la voz baja, Nanokorimon hacía reproches gentiles y codeaba a su aliado. Aun así, Takeshi no se tranquilizaba.

—Es que me siento como un vil fugitivo o desertor. Espero que no nos descubran por nuestro bien… y nuestras cabezas —Tak se reclinó en un muro, tomando de nuevo su D-Mobi y mirando su pantalla. Meditaba todo lo que había vivido, desde su encuentro con Nanokorimon—. Seguí las instrucciones al pie de la letra, a veces debo crear las mías y romper la rutina… no sé si he hecho todo bien hasta el momento, Nano… y, ya que fuimos uno solo hace poco, quiero saber si te ha gustado ser parte de mí. Es lógico, no todos los días me combino con los datos de un digimon.

—Eso te lo debería preguntar, Takeshi. ¿Te ha gustado que haya sido parte de ti? Bueno, no siempre se logra una fusión así… pero espero que sepas lo que se siente ser un digimon de verdad, compañero —le dijo Nanokorimon, abrazándolo a su vez. Takeshi tiritó un poco por la baja temperatura de su digimon azulado, aunque ya estaba acostumbrado y le correspondió.

Ningún guardia los descubrió, así que ambos se quedaron solos por un rato en ese lugar… hasta que Mikaru y Velkemon los abordaron por la espalda, tapándoles la boca con una mano y llevándoselos consigo. Mantuvieron el sigilo con el que habían salido del dormitorio, encaminándose a un claro del bosque lindante; uno en donde los pocos árboles y troncos talados formaban otro sendero al próximo sector. Sin que los descubrieran, Mikaru y Velkemon liberaron a sus cautivos. Takeshi reviró, llevado por el susto.

— ¡Idiota!  Creí que era algún guardián… Eh, un momento… ¿Cómo fue que nos…? —Preguntó, la intriga no le dejó clara la obviedad.

—Nos deben una seria explicación, los oí cuando hablaban de AuroDramon —advirtió Velkemon, señalándolos mientras hacía una mirada suspicaz.

—No nos hagan repetirles lo que dijeron, sabemos que están detrás de la aparición de ese digimon —agregó Mikaru, habiendo cruzado los brazos.

—Vaya, no finjan que nos escucharon, lo dicen para asustarnos… —Takeshi respondió confiado, sin embargo, Nanokorimon le haló de su abrigo para convencerlo de lo contrario.

—Eh… Tak, Velkemon tiene un oído muy agudo, debes saber que sus orejotas no lo engañan.

Esto último hizo que a Velkemon le hirviera la sangre, como un volcán en erupción, y atacó fuertemente a Nanokorimon con su látigo del rayo; su paciencia tenía un límite. Nano cayó casi inconsciente en uno de los parches de nieve, Takeshi se exaltó y gritó a Mikaru.

— ¡Ey, tu digimon no debió atacar al mío! —señalándolo—. ¡Perdona por eso, pero Velkemon no debió reaccionar de esa forma! —corrió a socorrer a Nanokorimon, estaba como aturdido, pero sin mayor daño.

—Ay, ¡pero qué débil eres! Acostúmbrate a que hay batallas oficiales y extraoficiales. Te recomiendo que uses tu digispirit para derrotarme, si quieres librarte de nosotros —Mikaru respondió, haciéndose a un lado de Velkemon. Takeshi le lanzó una mirada de confianza, tomando a Nanokorimon de una mano.

—Por favor, ¿crees que es necesario? Sólo necesitaré mis manos… —Takeshi adoptó una pose de lucha al estilo de karate. Mikaru se rio a carcajadas—. ¿Eh? ¿Qué es tan gracioso? Para que veas que es una posición de combate, ignorante.

—Parece que no entendiste, Takeshi. Me refiero a una verdadera batalla, no con espaditas de madera ni nada de eso… hablo de un nuevo nivel —tomando su D-Mobi, Mikaru digitalizó a Velkemon y cargó su digicode en la mano contraria—. Prepárate, así puedo ver lo fuerte que eres… ¡Digispirit, digivolves a! —Así como Takeshi se había convertido en AuroDramon, Mikaru también digievolucionó—. ¡Midolizmon!

¡Takeshi no fue el primero en conseguir un digispirit humano, Mikaru le había ganado! Tak no pudo reaccionar para tomar su dispositivo y defenderse. Midolizmon era un híbrido humanoide con rasgos de Velkemon, protegido por una resistente armadura y con largos brazos terminados en garras largas, también llevaba un par de largas orejas y cargaba una enorme hoz en la espalda. Su rostro estaba cubierto por un yelmo que dejaba entrever su mirada destellante. La imponencia de Midolizmon hizo que Takeshi retrocediera un paso, sosteniendo firmemente a Nanokorimon de una mano. En esas, el veloz digimon de la hoz los atajó por detrás.

— ¿A dónde vas? Me debes esta batalla, Takeshi. No tendré contemplación porque no te has transformado, ¡anda, digievoluciona y dame lo que quiero o no los dejaré en paz! —advirtió con fiereza, tomó su hoz y asestó un mortífero golpe a sus contrincantes, ataque llamado Hoz Midori.

— ¡Esto no era parte de la fuga! —Nanokorimon se agachó junto a Takeshi, cerca de ser alcanzado por la hoz de Midolizmon, fue la peor experiencia vivida en tan poco tiempo. El pequeño digimon agarró a Takeshi—. ¡No hay tiempo para pensarlo, enfrentémoslo o seremos reducidos a rebanadas de datos!

Al parecer, la única salida de ese embrollo era ponerle el pecho a la brisa y vencer a Midolizmon. Tak se percató en poco tiempo de que su rival tenía más experiencia y velocidad, lo meditó en un santiamén porque podía entrenar como un digimon… y luego se apartó de Midolizmon, haciéndole una zancadilla, tomó su D-Mobi y lo apuntó hacia Nanokorimon para digitalizarlo. Midolizmon frunció su mirada con aspecto de gusto.

—Ya te decidiste… era lo que esperaba, finalmente este “encuentro” valdrá la pena —dijo. Aguardó con la hoz en su espalda.

El joven Korinosenshi se armó de valor, la pantalla de su D-Mobi se encendió una vez más, mostrando “digievolución lista”. Cargó su digicode en una mano mientras miraba fijamente a Midolizmon. Deslizó la carga por la pantalla del dispositivo e invocó a su digispirit… un halo de luz lo envolvió.

¡Digispirit, digivolves a…! ¡AuroDramon! —gritó. AuroDramon miraba fijamente a su contrincante, la batalla parecía prometedora—. Está bien, Midolizmon… te daré una lección. No tuve nada en tu contra, pero con tu actitud me demuestras desprecio. Si quieres una batalla… adelante.

El tiempo pasó lento, el sol rayaba poco a poco en la helada madrugada digital y el claro se sentía tenso. Algunos digimon novatos espiaban cuidadosamente el lugar sin ser descubiertos. Midolizmon tomó nuevamente su hoz y atacó a AuroDramon, éste bloqueaba aguerridamente sus ofensivas mientras trataba de contraatacarlo. Por su mente pasaban tantas estrategias que no sabía cuál elegir… Por otra parte, Midolizmon mantenía la guardia alta y atacaba sin cuartel, no hubo respiro para ninguno.

—Aún estás acostumbrándote a tu cuerpo digimon, AuroDramon… Acéptalo, te venceré en cuestión de instantes, ¡defiéndete tanto como puedas! —atacando fuertemente.

—Grrr… Lo sé, aunque… no podrás… detenerme con tu… hoz… —defendiéndose, resistía bastante, pero tenía que actuar tarde o temprano. Dio un salto hacia atrás, esquivando por poco los golpes de la hoz Midori. Se volvió a poner de pie con los puños en alto, cubriendo su rostro como boxeador—. De acuerdo, esto debe cambiar —tomó un rápido respiro y se acercó a Midolizmon para atacarlo con una serie de golpes y patadas, atinando a sus brazos y torso. A ese ataque se le conoce como Digikarate. Midolizmon bloqueaba todo lo que podía, si no fuera por su armadura, seguramente estaría seriamente afectado.

—Pero qué hábil eres… —contestó, sacudiéndose el polvo que lo cubría. No lucía muy afectado—. Muy bien, sólo tienes un problema: tu armadura —Midolizmon cargó una esfera de electricidad en sus manos y se lanzó a AuroDramon, golpeándolo directamente con sus brazos juntos. La maza electrón arrojó muy lejos al valeroso guerrero, aturdiéndolo—. ¡Esa vestimenta no puede protegerte de la electricidad!

AuroDramon estaba en apuros, el fuerte golpe eléctrico de Midolizmon lo puso a prueba. Extrañamente, no se sintió afectado por la electricidad sino sacudido por el golpe. En su yelmo se veía un texto que indicaba el nivel de daños, le quedaba 40% de protección. El ataque de Midolizmon redujo notablemente su defensa, se dio cuenta que su armadura resistiría apenas otro ataque. Meditó mientras fingía estar inhábil por la descarga, viendo cómo su contrincante jadeaba de cansancio. Ambos estaban en igualdad de condiciones.

—Tienes el poder, pero no la defensa… veo que darme tal golpe de electricidad te descompensó mucho, yo tengo algo más efectivo… “espero que resulte, siento que mis energías se esfuman más rápido” —AuroDramon se concentró en sus manos, creando dos barras de aire frío y corrientes de energía; unos de sus bordes se afilaron, simulando espadas—. Defiéndete, Midolizmon… ¡Espadas congeladas! —con determinación, se aproximó a Midolizmon y blandía sus hojas; aunque la velocidad de Midolizmon se redujo evidentemente, se mantenía muy atento a los espadazos.

Sin más remedio, Midolizmon tomó su hoz y contraatacó. Ambos chocaron sus armas y se golpeaban enérgicamente, pensando en vencer y mantenerse en pie. Con el pasar del tiempo se fatigaban más y los ánimos estaban caldeados.

— ¡Ya basta, Midolizmon, no tenemos que seguir peleando! —le propuso AuroDramon sin bajar su guardia.

— ¡Ni hablar, te acabaré ahora! ¡Si no hubiera sido por el árbitro, te habría acabado así desde el inicio! —Midolizmon no desistió.

Era el colmo, AuroDramon no podía más y arremetió de inmediato. Con la ayuda del digikarate, eludió un golpe certero de la hoz, frenándolo a su vez con un hábil lanzamiento de sus espadas de hielo que retuvo a Midolizmon por unos segundos. No hubo necesidad de herirlo, AuroDramon dio un corto vuelo y pateó a su adversario, derrumbándolo y cayendo sobre él con solidez, luego lo sostuvo del cuello y le lanzó un pesado golpe… pero su ataque falló, Midolizmon le miró extrañado.

—Creí que me romperías el yelmo… ¿Acaso tienes miedo, AuroDramon? ¿Qué esperas? ¡Termina de una buena vez! —sin resistirse, vociferó a su contrincante y tenía una leve expresión de falsa satisfacción.

—Fue intencional, Midolizmon. Mi propósito nunca fue lastimarte, ya estuvo bien de rivalidades. Creí que podríamos ser compañeros… —AuroDramon sacó su puño de la nieve, dejando un cráter muy cerca del rostro de Midolizmon y luego lo soltó, no sin poner firmemente un pie sobre su peto—. Gracias a ti descubrí que no debo temer, ya no. Ten más honor. Si eres un verdadero caballero, entenderás que eso es muy valioso en cualquier batalla, y… no tengo que atentar contra la vida de mis rivales —retiró su pie de la armadura de Midolizmon, éste perdió su digievolución y volvió a ser humano—. Es una de las reglas que Gigakoridramon me ordenó seguir.

AuroDramon levantó a Mikaru, dio media vuelta y se alejó caminando. En un arranque de ira, el humano lo atacó por la espalda con una bola de nieve, pero AuroDramon la rechazó con un coletazo y se mezcló en la bruma lejana. La luz de día invadió lentamente el claro, resaltando la silueta del solitario joven.

Takeshi regresó a su forma humana poco tiempo después, su cara tenía algunos rasguños en el costado izquierdo, y algunos moretones en sus manos, debido al rudo golpe contra Midolizmon. Observó su D-Mobi, ya eran las seis de la mañana del segundo día y volvió pronto al dormitorio con el mismo sigilo al salir, no llamó a Nanokorimon porque también estaba agotado y lastimado. Trató de dormir el poco tiempo que le quedaba. Mikaru arribó al dormitorio y miró de lejos a Takeshi, en sus ojos se sentía odio, no parecía natural en su ser, pero era lo más evidente ante las circunstancias… algo hacía que Takeshi le cayera como una patada en el hígado. Sin más que hacer, también se acostó en su cama.

Horas después, los aprendices tomaron su desayuno a las 8:30 a.m. del Digimundo. Era una dieta de agua fría, cubos de hielo, algunas bayas congeladas, poco pan traído de otros sectores, y algo que parecía un licuado de nieve: el desayuno fue preparado por digimon de hielo, por supuesto. Takeshi quedó aterrado por el inesperado “banquete” mañanero, pudo degustar con agrado el pan, aun sabiendo raro, Nanokorimon consumió todo el hielo y agua que Takeshi dejó. Por otro lado, Velkemon y Mikaru tomaron su desayuno sin chistar, la mayoría de aprendices y sus compañeros tomaron lo preparado por los Frigimon y Mojyamon.

—Ni siquiera una taza de chocolate caliente… Bueno, el pan me llenó por lo menos. Debí suponer que comería nieve, literalmente —Takeshi empinó los codos en la mesa, Nanokorimon lo veía de reojo y no le prestó mucha atención, siguió comiendo. Mikaru lo miraba de lejos, Velkemon se preocupaba por él.

—Oye… no lo mires así, ni siquiera estamos cerca de ellos. Mejor termina de comer, en un rato tendremos que entrenar —le susurró, Mikaru no hizo caso y después miró el fondo de su taza de licuado.

—Aunque llegué antes que él, logró detenerme con tan pocas habilidades. Tengo más experiencia, pero Takeshi logró dominarnos, Velkemon. No debería sentirme mal, pero algo en mí hace que me caiga mal… como si se hubiera burlado en mi cara desde que nos enfrentamos con las espadas de madera.

Mikaru dejó de mirar a su rival, terminó su desayuno y llevó los trastos a unos botes. Velkemon lo siguió rápidamente, teniendo cuidado de tropezar con sus orejas. Se alejaron tan pronto como Mikaru lo permitió.

Mientras tanto, un Frigimon vigilaba el comedor, poniendo especial cuidado a Takeshi y Nanokorimon. Era el mismo guardia que vio a AuroDramon y cuando Tak se zambulló en el tanque. Se alejó disimuladamente del lugar y fue con el Soberano a contarle lo que vio. Reunidos en el Gran Recinto, Gigakoridramon atendió a su vasallo sin sorprenderse mucho por lo que le contó.

— ¿Y dices que tenía cortadas y que se notaba agotado como su digimon? Seguro tuvo un roce con alguien y fue con ese tal Mikaru… es lo más obvio, no lo soporta. Cuando vi la primera batalla, me di cuenta que una chispa de rencor surgió entre ellos. Debes estar pendiente de los dos y no dejes que te descubran. Cuando estén listos, sé que me servirán ciegamente pues han demostrado “madera” de guardianes —dijo el rey, aunque sus palabras no tenían buenas intenciones… su súbdito lo miraba con cierta preocupación.

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