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Lluvia de datos

—“¿Pasa algo? Es que te quedaste callado… ¿pero estás bien? Te noto conmocionado” —Nanokorimon seguía preguntándole a Takeshi, él no respondía aún. Finalmente esperó a que le hiciera al menos una seña.

Tak volvió a creer que estaba en un sueño. Al recordar la historia que Takumi le contó, reconoció a la criatura como un verdadero digimon. Trató de entender lo que pasaba y respiró profundo, llegando a la relación entre el hallazgo de la libreta y lo de su móvil. Después tomó firmemente el teléfono y se lo acercó a su rostro. Nanokorimon se perturbó por eso.

—“¿Takeshi? No me mires así… ¿qué piensas hacerme?” —el digimon tenía cara de susto, frunció su dentadura y sus ojos se agudizaron de miedo.

—Mi abuelo me habló de ustedes hace tres años. ¿Puedes decirme cómo llegaste? —Takeshi quería comprobar que Nanokorimon realmente provenía de la ficha de la libreta.

—“Este… no lo sé, creo que algo en ti me hizo reaccionar… ¿o no? Bueno, supongo que eso sucedió” —Mientras la criatura respondía, Takeshi curioseaba el teléfono.

—Supongo que tienes algún manual para saber cómo funcionas. ¿Me lo muestras?

—“¡No soy un aparato que requiera de manual! A propósito, ¿qué es un manual?” —tras la pregunta de Nanokorimon, Takeshi se tapó su cara con una mano.

—Uy… tendremos que hablar mucho de cosas de la Tierra. Bueno, quiero probar algo más de la cámara, es genial este teléfono —cuando Takeshi pulsó el disparador del costado derecho, un destello blanqueó la pantalla y no respondía a ningún comando. Tak se volvió a preocupar—. Oh, ¡no de nuevo mi teléfono!

El cuarto de Tak se llenó de la fría luz una vez más. La pantalla del teléfono se vació y un raro hilo espectral salió de su cámara trasera, amontonándose en un rincón de la habitación; era de colores claros y no se afectaba al atravesar las manos de Tak, quien quería saber de qué estaba hecha tal corriente. Al terminar, la energía tomó forma: era bajita, casi llegaba al pecho de Takeshi, tenía cabello claro, casi blanco; llevaba una vaina terciada y una espada de madera que parecía de juguete, su torso estaba cubierto por un peto de placas blandas y algunas marcas en su cuerpo, así como la misma expresión de ojos enormes y mueca sonriente, en la que se distinguía una estrella de cuatro puntas entre sus ojos. Takeshi estaba estupefacto.

—Nanokorimon… ¿en serio eres tú? —acercándose a la criatura, le apretó las mejillas, lo despeinó, le dio toques en el pecho y los brazos, agarró su colita, lo miró de pies a cabeza… El pobre digimon lo miró raro.

— ¿Qué? ¿Cómo sigues dudando de mi integridad? Sólo mírame, estuvo bueno de tanto toque… A ver, ¿te gustaría que te clavara mis garritas para saber si eres real? —Nanokorimon intentaba hacer que Tak lo dejase, el jovencito estaba asombrado.

Ninguno reparó en que anochecía. Takeshi quiso jugar un poco con la simpática criatura hasta que vio el reloj de su PC, ¡ya eran las 6:00 p.m.! No estaba listo, su fiesta comenzaría pronto y Emi llegaría pronto. ¿Dónde escondería a su mascota? —eso creía Takeshi de Nanokorimon—, el digimon le gruñó y cruzó los brazos, aguantando sus niñerías.

—Te aclaro que no soy ni un juguete ni una mascota, soy un di-gi-mon, ¿entiendes? ¿Y qué piensas hacer conmigo?

—Nano —acortando su nombre—… Nadie puede verte aquí, mi abuelo me contó que los humanos no estábamos listos para conocerlos, sólo algunas personas; entre ellos puedo incluirme, ¿cierto? Y si mi familia te ve, no sé cómo reaccionarían —Takeshi le dio unas palmaditas en su cabeza—. ¿Y qué eres en realidad?  Ya me dijiste que eres un digimon, pero pareces una lagartija o algo así.

Cuando Nanokorimon oyó la palabra “lagartija”, se brotó una vena en su frente. Ofendido, tomó a Tak por el cuello de su camisilla.

—En tu vida vuelvas a llamarme así, Takeshi… soy un dragón, ¿eh? Un-dragón. Fin de la conversación —le dijo mientras le tocaba firmemente su frente. Tak estaba nervioso, se imaginó que le iría peor y obedeció a Nanokorimon.

Volviendo al tema, Takeshi no sabía en dónde podría esconder a su compañero. Al mirar el reloj de la computadora eran las 6:10 p.m., tenía poco tiempo para vestirse, ¡y eureka! Agarró su móvil y apuntó a su compañero. Nanokorimon quedó absorto y gritó de susto, Tak lo chitó para que no llamara la atención.

— ¡Silencio, te descubrirán! Y… supongo que tal como saliste, debes volver —el digimon no dejaba de mirar la cámara del móvil mientras que Takeshi oprimía el disparador, el espectro de datos digitalizó al digimon, filtrándose por el lente de la cámara y guardándose una foto. — ¡Excelente, funcionó!

Dos golpes retumbaron en los oídos de Takeshi y Nanokorimon, alguien estaba la puerta.

— ¿Qué haces, hijo? Escuché voces… ¿con quién hablas? Se hace tarde para que bajes… decoré la sala con tus dibujos, ¿te demoras mucho? —Sara le preguntaba desde afuera, quería entrar, pero la perilla estaba trabada—. Vamos, abre que quiero verte listo.

Takeshi tembló de nervios, mantuvo el móvil bocabajo en la cama para que su madre no viera a Nanokorimon. Se acercó como un rayo a la puerta y la abrió, fingiendo que despertó hace poco.

Uh… —bostezando—. Mamá, estaba tomando una siesta, disculpa. ¿Dijiste que escuchabas voces? N-no… yo no escuché nada de nada. Dame unos minutos, ya te alcanzo, no te preocupes —dijo Takeshi, mirando a Sara casi a sus ojos. Ella se quedó viéndolo.

—Está bien. Sabes que Emi prometió llegar a tiempo y también tu padre, no los hagas esperar. ¿Acaso sólo vendrá Emi?

—Pues… sí. Intenté convencer a los demás compañeros, pero no me aseguraron nada. Ey, piensa que es un logro tener un invitado al menos— Takeshi terminó con un guiño, Sara lo asumió bien y lo dejó solo en el cuarto, cerrando la puerta tras de sí.

El chico suspiró cuando Sara se fue, no le gustó mentir, pero qué más podía hacer… si le hubiera contado lo del colegio, seguramente se hubiera echado a perder su celebración. Sin pensarlo más se vistió para la fiesta, tomó su teléfono, pero vio que Nanokorimon no estaba en la pantalla, así que habló muy cerca del micrófono.

—Pero qué extraño, ¿dónde estás, Nano? Ya puedes salir... ¿me oyes? —ante el susto, Nanokorimon cayó de súbito desde arriba de la pantalla, tapándose los oídos. Se golpeó contra los iconos de la base y exclamó un leve ouch.

—“Idiota… ¿me quieres dejar sordo? Por tu culpa me doblé la cola al caer…” —Nano se sobó al levantarse, el golpe lo mareó por un rato.

Estando más tranquilo, Tak lanzó el móvil a su cama, sacudiendo al pobre digimon. Quedaba poco tiempo, así que se acicaló otra vez para bajar. Faltaban unos minutos, entonces guardó su teléfono y procuró que Nanokorimon no hablara; bajó a la sala para recibir a los invitados. La decoración para su fiesta era sobria: sus dibujos estaban pegados en un tablero y en mosaico, cada detalle tenía que ver con la edad media: pastel, bebidas, pasabocas, en fin. Sara sabía que eran pocos invitados, pero podrían llegar unos cuántos, no exageró. El reloj de pared marcaba las 7:05 p.m., aún no había señal de Emi o Hayato. Tak se asomó por la ventana para ver si llegaban, un farol en la entrada iluminaba muy bien el camino; por más que esperaba en el sofá, no los veía, sólo a los vecinos y algunos animales. Miró de reojo a Sara, quien lucía apenada por lo que sucedía y se acercó a Tak para consolarlo.

—No me esperaba esto, y sólo han pasado cinco minutos… Sé cuánto quieres estar con tu amiga, pero puede que apenas esté en camino, a veces la gente tarda en llegar. Y sabes que tu padre está en el trabajo y no siempre llega a tiempo. Espera un poco más, ¿de acuerdo? —le habló con suavidad a Takeshi mientras que él la miraba con aflicción en la cara.

—No sé qué creer… quiero que este cumpleaños sea especial pero no se da todavía… Mamá, creo que regresaré a mi cuarto —Takeshi se levantó del sofá, luego se escuchó una vocecita en la sala… Parecía que Nanokorimon llamaba a Tak, incluso delante de Sara.

—“Ey, ¿podemos hablar un momento?” —dijo el digimon desde el teléfono, Sara se extrañó y miró a su hijo.

— ¿Es mi imaginación o alguien te pregunta? —Sara también se levantó del sofá y le preguntó a su hijo, quien se privó al tratar de responder.

—Ahhh… Pues… ¡E-es que mi teléfono tiene voz! ¡Sí, debe ser eso! Tal vez me están llamando… ¡vuelvo enseguida! —Como el viento, Tak corrió a su habitación, encerrándose con llave y sacando el teléfono de su bolsillo—. ¡¿Acaso estás loco?! ¡No me hables cuando alguien esté cerca! Por poco no sé qué decir…

El joven se quedó mirando su móvil, suspirando por el susto. Nanokorimon se sonrojó de vergüenza ante la llamada imprudente, de todas formas, alentó a Takeshi para que no se afligiera por la ausencia de su padre y Emi. Tak se calmó y asintió ante los ánimos de su compañero.

Un sonido de campana llamó la atención de ambos, era el timbre de la puerta. ¿Quién había llegado? Rápidamente Tak les abrió: eran Emi y su madre, acompañadas de un chico, así que los hizo pasar al cómodo sofá. Sara vio alegre a su hijo y le ayudó a atender a los invitados. Mientras que el trío se acomodaba, Emi observaba con detalle cada dibujo de Takeshi, igualmente el chico que la acompañaba, preguntando en primer lugar.

—Disculpa, ¿hiciste esos dibujos? Vaya que se ven bien. Me gusta sobre todo el del caballero que rescata a la princesa y que monta en caballo. ¿Desde cuándo dibujas? Eh… olvidé presentarme. Tu trabajo me encantó, pero no sabes mi nombre… Soy Jeremy —dijo el chico. Era un joven más alto que Takeshi y sólo le llevaba un año de ventaja, tenía ojos marrones y cabello pardo con rayos claros, llevaba unas lentes en la camisa y se le había caído un diente.

—Ah… Hola, Jeremy. Sí, y estos son de la semana pasada, pero comencé con el arte hace dos años. Mis padres me han apoyado y he avanzado mucho gracias a sus ánimos, sin olvidar la práctica, por supuesto. Qué bueno que te gusten —, Takeshi sonrió al final.

—Jeremy, él es Takeshi. Es un compañero de clases y me invitó a venir después de conversar un rato —le dijo Emi, después volvió su mirada a Tak—. Aunque creo que fue descortés haber venido con mi primo sin avisarte, discúlpame.

Cuando Emi se excusó, Takeshi se sonrojó y miró al piso de la sala. No esperaba una sorpresa tan grata, ya no se sentía solo y Jeremy podría ser un nuevo amigo, así que le dijo a Emi que no había problema. Los tres hablaron un rato sobre los dibujos de Tak y cosas en común; al igual que Sara y la madre de Emi charlaban de relaciones familiares, compras y temas que les gustaban.

Minutos más tarde, Emi vio que Takeshi no llevaba el medallón y le preguntó por éste, él se disculpó por dejarlo y fue a buscarlo. Al llegar a su cuarto, tomó una vez más su móvil y llamó a Nanokorimon, tocando la pantalla. El dragón se asomó por el menú.

—“Ya era hora, me aburrí de esconderme. No me divertí con los juegos… ¿qué pasa?” —Preguntó tras bostezar.

—Busco el medallón de Emi, se me perdió entre la ropa del colegio… —en esas, suspiró—. ¿Sabes? Ha sido un buen día, conozco más gente que le gusta mis dibujos. Parece que tengo más amigos, incluyéndote.

—“¡Excelente, Tak! Y gracias por llamarme amigo. Es la primera vez que me lo dices” —respondió Nanokorimon.

—Eso sí, no creo que conversemos como si estuviéramos frente a frente… a muchos les parecería raro que hablara con mi teléfono como ahora —dicho esto, Takeshi sonrió un momento mientras hallaba el medallón.

—“Bueno, aun así, tendrás que acostúmbrate. Haces lo que quieres y platicas conmigo sin ocultarme como ahora” —agregó el digimon y soltó una risita, Takeshi no lo vio por estar ocupado.

Una estela de luz rasgó el cielo nocturno de la ciudad, gente afuera de la Casa Korinosenshi presenció el fenómeno. Poco tiempo después, varias estelas surcaron el firmamento; algunos tomaron fotos y grabaron clips, era un espectáculo inigualable. No era una lluvia de estrellas ni meteoritos, cada estela de luz era de una gama de colores claros y brillantes como si fueran auroras boreales en miniatura. No había luna ni estrellas a la vista, sólo el raro espectáculo de hilos brillantes que adornaba el cielo y asombraba a los niños que levantaban su mirada hacia los atractivos destellos, estando dentro o fuera de sus casas.

Hayato conducía de vuelta a su hogar cuando avistó las luces. Sin embargo, el tráfico se estancó por varios minutos, obligándolo a llamar a Sara para contarle lo que pasaba afuera. Ella no dudó un instante y se asomó a la ventana, tanto se sorprendió con las luces celestes que llamó a sus invitados para que las vieran.

En el cuarto de Takeshi, su móvil sonó de repente; Nanokorimon detectó lo que sucedía y llamó a su compañero como si fuera un despertador.

—“¡Ding-ding-ding! ¡Hay una enorme cantidad de datos entrantes!¡Está pasando ahora, Tak, es una fuerte sensación!”.

— ¿Qué has dicho? Eso lo tengo que ver —el chico se asomó desde su cuarto, olvidándose de su búsqueda, quedó boquiabierto al ver los destellos—. ¡Genial, Nano! Espera, ¿dijiste que son datos? No me digas que son digimon, ¿es posible? —la intriga invadía a Takeshi y no dejaba que Nanokorimon le respondiera, molestándolo.

—“¡Vas a enloquecerme con tantas preguntas, amigo! Entiende que no lo sé todo… pero podría responderte algunas cosas” —más tranquilo, Nano tomó un rollo antiguo y lo desplegó en la pantalla. Relató sobre el origen de los digimon, algunas descripciones de la orden de Los Guardianes del Glaciar y encontró la respuesta a las dudas de Takeshi—. “Veamos, aquí dice que ocurren filtraciones de datos debido a una brecha entre el mundo humano y el digital, parece que esa lluvia que ves es una de esas fugas. Generalmente aparecen rayos de digicode en la Tierra que duran horas o minutos, depende del volumen de datos que ingresa. Luego, aparecen digitokens en diversos lugares. Y… es lo único que dice, Takeshi” —revisando de nuevo el pergamino.

— ¿Digitokens? Me suena a fichas para jugar en máquinas... ¡Ey, deben ser como la del diario de mi abuelo, de la que saliste! —Exclamó Takeshi.

— “Uh... ¿Fichas de juego? Pues creo que sí...

—Déjame entenderlo… ¿podría haber más criaturas como tú en la Tierra? Espero que no causen alboroto. Y dijiste digicode, ¿cierto? Me parece haberlo visto en alguna parte, creo que está en… ¡la libreta de mi abuelo, claro! Él escribió mucho de ustedes —inmediatamente, Takeshi agarró la libreta de Takumi, la tenía en su morral. Le echó otra hojeada y encontró el término—. Entiendo, el digicode es lo que forma el Digimundo, ¿no? Entonces el lugar del que vienes está hecho de datos. ¡Todo concuerda! La lluvia de datos, tu aparición cuando oprimí el disparador del móvil… Supongo que esa luz del digitoken también era digicode… Esto confirma que no estoy soñando, que aquí eres real y podrían venir más como tú. Cielos, no puedo creer que mi abuelo conociera el Digimundo, con razón me habló tranquilamente de él.

Takeshi recordó la nota que envolvía el objeto en la libreta, la tomó rápidamente y la desdobló con cuidado, tenía sentido lo que le pasaba: fue seleccionado para acompañar a Nanokorimon. Decía para sí que era algo increíble, que no se lo esperaba, pero quedaba saber para qué fue elegido.

—Entonces somos compañeros, pero no sé por qué, Nano. Primero dijiste que soy un aprendiz, seguramente lo veremos al seguirte; y la señal de las estelas luminosas es el principio de mi misión, ¿cierto? —mientras que hablaba, una alerta cubrió la cara de Nanokorimon. Takeshi le dio un vistazo, pero la postergó y salió de casa para apreciar mejor las estelas.

La sorpresiva lluvia de datos terminó a las 8:30 p.m., Hayato llegó a casa y guardó su auto. Sara, Takeshi y sus invitados todavía estaban fuera de la casa. Sara fue la primera en recibirlo, lo acogió con un gentil saludo, y luego se reunieron todos en la sala para charlar sobre lo sucedido. ¿Quién se imaginaría ver tal espectáculo en una noche como esa? Había asombro y preocupación, tampoco sobraban las especulaciones: unos creían que era natural, otros pensaban que era un fenómeno divino… no obstante, el debate no duró mucho.

Minutos más tarde, a Takeshi le cantaron el tradicional “feliz cumpleaños”, antes de soplar las velitas le pidieron que deseara algo de todo corazón. Cerró los ojos y mentalizó su mayor anhelo y las sopló, en su mente retumbaban las palabras que visualizó: desear ir al Digimundo. Todos disfrutaron de una merecida pieza de pastel, la pasaron muy bien e incluso Emi olvidó el asunto del medallón. Jeremy conoció mejor a Takeshi y los tres se llevaron muy bien desde ese entonces. Sus familiares también disfrutaban al charlar de sus ocurrencias.

Aunque la conversación fue entretenida y la fiesta no se echó a perder, todo tiene un final. Los invitados de Takeshi lo felicitaron por última vez mientras que Constanza —la madre de Emi y tía de Jeremy— le agradecía a Sara y Hayato por la invitación. Casi era medianoche y todos volvieron a sus casas, La familia Korinosenshi fue a dormir al instante y dejaron la limpieza para el día siguiente. En cuanto Takeshi llegó a su cuarto, revisó su móvil por última vez; vio que eran las 11:50 p.m. y atendió los pendientes hasta toparse con la alerta recibida horas atrás.

—Nano, ¿sabes qué es esta notificación con estrella? No la vi antes, ¿es tuya? —le susurró Takeshi al móvil tras tocar la pantalla.

—“Eh… no, para nada, pero vaya que me tapó al hablarte. En fin, revísala” —sugirió Nanokorimon.

Takeshi pulsó el aviso… Una nueva voz surgió del aparato y Nanokorimon desapareció, asustando al chico. Entre murmullos, trató de recuperar a su compañero hasta que se despejó la pantalla y apareció otro aviso:

su misión está a punto de comenzar: pulse el botón azul para aceptar o el rojo para rechazar. Tiene cinco minutos para responder”.

Takeshi tenía que elegir pronto, creía que su decisión se relacionaba con la selección, pero no estaba muy convencido. Optó por presionar el botón azul… pero ¿dónde estaba? ¡El móvil no tenía botones de colores!, parecía una broma y por poco ignoró el mensaje. Antes de colgar, un nuevo mensaje apareció en segundo plano y decía “instalando actualizaciones de hardware”. ¿En serio? El mensaje estaba mal, debía referirse al software y no al hardware.

Un ruidito inquietó una vez más a Takeshi, quien soltó el teléfono, rodeado de una luz fría que pasmó al chico. Intentó agarrar de nuevo su teléfono pero algo se lo impedía, era la actualización que había comenzado: el teléfono cambió de aspecto gradualmente, adquirió líneas de circuito en los costados y diagonales plateadas en el respaldo, un nuevo color hizo parte del diseño, formado por una banda brillante verde azulado en la base del reverso; el grabado de su nombre fue sustituido por el emblema cuneiforme de su digitoken, se curvó más en las esquinas y los dos botones de colores aparecieron en la base de la pantalla. Al terminar la actualización del aparato, la barra de carga desapareció y dejó ver el anterior aviso… sólo quedaban dos minutos para responderlo.

—Aceptar o no, es la elección más difícil que he afrontado, como si se tratara de un contrato o algo así. Me recuerda algunos juegos, ¿ahora qué digo? —las dudas de Takeshi inundaron su mente. Tenía poco tiempo para decidir, así que oprimió un botón.

La pantalla se apagó, ¿hubo respuesta válida? ¡Estaba a tiempo, era raro que no hubiera confirmación! Tak creía que el teléfono se estaba reiniciando, no dejaba de pensar en que había hablado con un verdadero digimon… Sentía que estaba viviendo una ilusión, un sueño despierto. Sin esperarlo, el aparato “actualizado” se encendió y mostró un círculo en el centro, indicando un mensaje de voz, Takeshi lo escuchó con sus audífonos para no despertar a sus padres, la piel se le erizó al atender el mensaje.

—“Bienvenido a su nuevo D-Mobi, Takeshi Korinosenshi, en instantes se lanzará a su primera misión. Al haber presionado el botón azul del dispositivo, ingresó al primer nivel del entrenamiento. Por favor, no deje su D-Mobi al alcance de terceros; el dispositivo sólo puede ser utilizado por usted. No debe comentar lo que suceda en los entrenamientos. Conozca bien a su compañero digimon, de esto depende que su trabajo permita superar el entrenamiento. Deslice su dedo en la pantalla para finalizar” —explicó el mensaje. Takeshi siguió dichos pasos, después apareció una flecha hacia abajo—. “En el D-Mobi se encuentra un lector de huellas, use su índice derecho para la identificación” —el chico obedeció. El lector del D-Mobi tomó y guardó su huella dactilar, otro mensaje apareció en pantalla—. “Apunte la cámara frontal a su rostro y pulse el disparador para terminar”.

Si Takeshi lo hacía, liberaría a Nanokorimon de su dispositivo o se autocapturaría como su compañero. Puesto que no había señales del dragoncito en el D-Mobi, no tardó apuntarse hacia sí mismo y pulsar el disparador. La cámara frontal tomó una foto y un halo de luz envolvió a Tak, quien desapareció lentamente. El D-Mobi lo atrapaba poco a poco, él se miraba con miedo y creyó que desaparecería para siempre. Todo su cuerpo se volvió digicode, no podía escuchar su propia voz y su entorno se distorsionó, algo inexplicable le sucedió a pesar de sólo seguir instrucciones.

¡Revive el capítulo I! Contenido ¡El capítulo III te espera!

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