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Dia: 8 ; Localización: Río de la Media Luna.

El Evolucionador de Mera hablaba con aquella voz femenina, mientras Elenara y los demás veían la figura de Gargomon alejarse cada vez más y más.

Gargomon, digimon de nivel Adulto con forma humanoide. Gargomon es un digimon valeroso que protegerá a aquellos a los que más quiere, aunque será implacable con sus enemigos. Va armado con dos potentes ametralladoras las cuales usa principalmente para el ataque, aunque también suele usar sus largas orejas y sus patas para ello. Su ataque principal se llama Brazo Gatling y su ataque secundario se llama Golpe Salvaje.

El ruido del agua y del enorme pez que los transportaba amortiguaba un poco los demás sonidos, pero Elenara estuvo casi segura de que Mera había lanzado un pequeño gruñido una vez la descripción de Gargomon hubo terminado. Sin embargo, el Evolucionador no perdió el tiempo y la figura de FireGatomon ya se encontraba en el aire, en forma de holograma.

FireGatomon, digimon de nivel Adulto con forma de gato. Se trata de una subespecie de Gatomon, el cual usa el poder del fuego para realizar sus ataques. Es un poco más grande que un Gatomon normal aunque no posee Anillo Sagrado en la cola. Sus garras siempre están imbuidas en vivas llamas rojas. Su ataque principal se llama Esfera del Infierno y su ataque secundario se llama Cuchilla Roja.

-¿Por qué ha salido la descripción de FireGatomon en mi Evolucionador? –preguntó Mera.

-Lo que a mí me ha llamado la atención es eso de “subespecie de Gatomon”. –dijo Adren a su espalda. –Parece que aquí también existen diferentes especies de un mismo digimon. Como…

-Los animales. –terminó Elenara.

Todos sopesaron la idea unos instantes. Desde luego no era nada descabellada, pero aun así les costaba asimilarla un poco. Después de todo, los digimon no eran animales propiamente dichos… Aunque algunos guardaban ciertas similitudes con las criaturas de su propio mundo…

-¿Animales? –preguntó Piyomon sin comprender nada.

Por las caras de consternación del resto de digimons, Elenara estaba segura de que no tenían ni idea de lo que eran los animales. Y, al parecer, el resto de humanos también lo habían notado.

-Pues… Como lo diría… -comenzó Mark titubeante. –Venga ya, no puede ser tan difícil…

Elenara trataba de contener la risa que le provocaba ver al pobre Mark tratar de explicar lo que nunca había creído que tendría que explicar. ¿Quién no podía saber que eran los animales? Elenara no le daba demasiada importancia al asunto en aquel momento. Sólo quería marcharse de aquel lugar lo antes posible, y dejar a Gargomon tan lejos como pudieran. Todos los digimon exhibían caras de extrañeza ante las explicaciones de Mark. Todos, salvo uno… Aquel que les había salvado la vida. Elenara alzó la vista para ver a un erguido Aquamon, el único de todo el grupo que continuaba de pie encima de aquella ballena. Mantenía la vista al frente, como un capitán de barco, guiando a su tripulación entre las turbias aguas. Su mirada delataba su preocupación, pero se mantenía firme y la disimulaba lo mejor que podía. Desde luego, los anillos color acero de su torso ayudaban en gran medida a darle un aspecto solemne, a la par que temible. De pronto, la voz de Aquamon sonó en la cabeza de Elenara, aunque este no había abierto la boca. <<Elenara, no te asustes>> dijo <<Puedo comunicarme con vosotros por este medio, así nadie tiene por que saber lo que estamos hablando. Ya he mantenido contacto con Mera. Está bien, mucho más tranquila, pero desea salir de este lugar y llegar a la montaña tanto como yo, o incluso más. He notado que te preocupas mucho por mi estado… ¿Se debe a algo en concreto?>>. La pregunta pilló a Elenara por sorpresa y durante unos segundos no supo que pensar. <<Bueno, no pretendía… Quiero decir…>> comenzó vacilante <<Es que… Me recordabas a alguien, nada más.>>. Aquamon le miró a los ojos, sin cambiar de posición. <<Ya veo…>> dijo en su mente, lentamente <<Tranquila, no me meteré en tu cabeza para espiar tus pensamientos.>> Aquamon se llevó el puño derecho al hombro izquierdo, con el brazo justo por encima del anillo de acero <<Lo juro por el mismísimo Agua>>. Dicho esto, volvió a aquel estado de guerrero vigilante. Elenara supo que podía pensar en sus secretos sin problemas, que no eran pocos. No estaba segura de si alguno de aquellos presentes conocía su más íntimo secreto. Quizá Anna… No, no podía haberlo notado.

Cuando Elenara volvió a prestar atención a su grupo, se dio cuenta de que todos estaban riéndose a carcajada limpia. Aquello la hizo sonreír. Le gustaba que la gente riera, ya fuera por la más absurda de las causas. Ayudaba a relajar las tensiones, además de estrechar los lazos con los que te rodean. Una extraña sensación de embriaguez rodeó a Elenara. Se tomó el pequeño lujo de relajarse, tumbarse cómodamente sobre la piel de aquel pez, y contemplar el cielo azul y las blancas nubes. Era hermoso, el azul celeste del cielo siempre le daba una sensación de paz, combinado con las nubes blancas como la nieve misma que la invitaban a imaginarse formas imposibles. Estarían a salvo, mientras no bajaran de aquel pez y llegaran a la montaña. Como al parecer aquella ballena no se agotaba nunca, llegarían más o menos al final del día. Y esta vez no había ningún cazarrecompensas con ametralladoras que pudiera alcanzarlos. Gargomon lo tenía claro si creía por un momento que iba a recibir algún pago por ellos…

<<Un momento.>> pensó Elenara incorporándose inmediatamente <<Alguien ha PAGADO por nosotros… Eso significa que seguramente hayan otros que nos estén buscando…>> este pensamiento hizo que un escalofrío recorriera el cuerpo de Elenara de arriba abajo. Si alguien más les buscaba… ¡Estaban en grave peligro!

-¡Maldita sea! –exclamó Elenara ante el feliz grupo. –Mierda, mierda, mierda…

Sus compañeros dejaron de reír como puedieron y prestaron atención a Elenara.

-¿Qué pasa? –preguntó Hambert, secándose las lágrimas provocadas por la risa.

-Estamos acabados… -Elenara balbuceaba sin poder explicarse. –Estamos… acabados…

-Elenara, cálmate. –dijo Anna seria. -¿Qué ocurre?

-¿No lo entendéis? –dijo presa del pánico. –Gargomon ya nos lo dijo. Le iban a pagar por nosotros, no lo hacía por diversión. Y si hay un cazador de recompensas…

-Mierda… -dijo Inrigo entre otras muchas maldiciones que fue soltando mientras caminaba sobre la ballena en círculos.

-¿Cuánto tardaremos en llegar? –preguntó Mera a Aquamon, que aún se encontraba en aquella etapa evolutiva, mirándole directamente. -¿Estamos seguros aquí?

-No. –esta vez Aquamon si que habló con su propia voz. –Pero si más seguros que en tierra, con añadido de que nos movemos a mayor velocidad. Legaremos en aproximadamente… -Aquamon cerró los ojos, como si escuchara un mensaje que los demás no oían. –Cinco horas.

-¿Y si ya nos esperan en la montaña? –preguntó Adren.

-Es probable que lo estén haciendo. –dijo Verh sin titubeos. –Pero si escalamos lo suficiente, podremos tener sobre esos cazarrecompensasuna clara…

-…ventaja estratégica. –terminó Inrigo, comprendiéndolo al instante. –Sigamos con el plan original, entonces.

-Desde luego no queda otra. –dijo Isemon.

-Mantendremos los ojos abiertos. –dijo Earthmon.

-Valoremon y yo vigilaremos desde el aire. –dijo Piyomon alzando el vuelo. –Quizá podamos ver el peligro desde lejos.

Antes de que alzaran demasiado el vuelo, Elenara cogió unas cuantas frutas que habían estado recogiendo del bosque los días anteriores. Siempre mantenían una gran reserva de comida y comían lo justo para sobrevivir, pero Elenara no quería arriesgarse, sobre todo tras saber por parte de Mera que los digimon solo evolucionaban en ciertas circunstancias… y con el estómago lleno.

-¡Espera, Piyomon! –le dijo. –Llévate esta fruta, y comed cuando tengáis hambre. No os canséis sin justificación, bajad a descansar de vez en cuando.

-Gracias, Elenara. –dijo Piyomon cogiendo la fruta con sus garras. –Eres la mejor.

Elenara le dio un pequeño beso en la mejilla, que le hizo sonrojarse un poco. Tras ello, Piyomon alzó el vuelo junto a Valoremon, hasta alcanzar una altura apropiada, pero siempre a la altura del grupo, sin alejarse. Esto producía emociones contradictorias en Elenara: por una parte, se sentía segura con Piyomon vigilando los cielos, pero por otra parte tenía miedo de que se agotara demasiado. Sabía que Piyomon era de esa clase de digimons que haría lo que fuera por el resto, incluso dando su propia vida por ellos. Una actitud noble, sin duda, pero ello no mermaba las preocupaciones de Elenara.

Durante las primeras horas, todo transcurrió con tranquilidad. Valoremon bajo dos veces para descansar y comer y el resto de humanos y digimons se relajaron un poco al ver que nada sucedía. Algunos hasta retomaron las animadas conversaciones que habían mantenido varias horas antes. Elenara, sin embargo, no descansaba. Estaba muy preocupada por Piyomon, hecho que no tenía sentido pues no estaba expuesta a ningún peligro inminente. Pero había algo en Elenara que le decía que algo no iba bien… <<No aguantaré con esta forma mucho más.>> la voz de Aquamon resonó en las mentes de todo el grupo <<Trataré de mantenerla lo que pueda, y antes de volver a mi forma de Tidemon le comunicaré a BabyWhamon el destino del viaje.>> al ver las caras interrogantes de todos, añadió <<Si, antes de que hagáis preguntas sin sentido, tengo el poder para llamar a ciertos digimon peces. Este es BabyWhamon, uno de los digimon de nivel infantil más grandes. Hubiera querido llamar a un Whamon, pero son demasiado grandes para cruzar el río y no tengo tanto poder. No habla, pero tratará de llevaros sin problemas, sólo os pide que si nos atacan lo defendáis.>>.

-De acuerdo. –dijeron todos al unísono.

-No hagas esfuerzos. –dijo Mera con tono de preocupación. –Confío en ti.

-Gracias, Mera. –dijo Aquamon, solemne.

BabyWhamon avanzaba con un nado continuado, sin agotarse. Elenara estaba segura de que podía confiar en que aquel digimon los dejara en la montaña sanos y salvos. Al menos, si no ocurría nada por el camino, aunque dados los casos anteriores, todo apuntaba a un ataque inminente. Piyomon, al igual que otros 4 digimons del grupo, aún no había evolucionado, pero Elenara tampoco tenía prisa de que lo hiciera. Elenara no se sentía nada tranquila, pues sabía que algo estaba a punto de suceder… No, no podía pensar así, tenía que confiar en sus amigos y en que la suerte estuviera de su parte aquel día. Por lo menos, el cielo de la tarde estaba completamente despejado, había una temperatura excelente y las aguas estaban en calma a su alrededor. Nada parecía apuntar a que algo malo pasara. <<Eso es, debo confiar en eso.>> pensó obligándose a tranquilizarse <<No pasa nada. Todo está bien. No pued…>>.

De pronto, el grito de Piyomon en las alturas la hizo levantarse inmediatamente. Todos miraron al cielo, aterrorizados, pero preparados para el combate con quienquiera que viniera. De una de las pocas nubes que cubrían el cielo celeste apareció una veloz Valoremon, que se dirigía directamente hacia BabyWhamon. Elenara vio con horror como un enorme pájaro rojo la seguía. El pájaro era tan enorme que Elenara se preguntó como no lo habían visto venir antes, tenía dos grandes cuernos en la cabeza además de dos grandes garras con afiladas uñas. Tenía la cabeza cubierta de blancas plumas, con algunas de tono rojo, y unos penetrantes y furiosos ojos de color azul. Pero lo que más le preocupaba a Elenara, era la pequeña figura de color rosado que aquel ave tenía en una de sus garras. Piyomon no podía moverse, pues aquel digimon no la soltaba de ninguna manera. Por mucho que trataba de zafarse de él, no lo conseguía. Elenara se fijó en que aquel digimon no apretaba sobre el cuerpo de Piyomon, sino que hacía la fuerza únicamente necesaria para que no se pudiera escapar. Además, teniendo en cuanta el enorme tamaño del pájaro rojo, intuyó que podría haber alcanzado a Valoremon en la persecución, pero, al parecer, la seguía, aunque esta no daba muestras de estar guiándole amistosamente, sino de estar huyendo de él. Elenara no sabía que pensar, algo no encajaba del todo… Ya era muy tarde para pensar nada. Valoremon consiguió llegar hasta los brazos de Lisa, pero aquel pájaro estaba ya frente a todo un grupo de digimons y humanos que no tenían escapatoria. No se movía ni les atacaba, solo se mantenía frente a ellos, moviéndose a la par que BabyWhamon para dar la sensación de que se mantenía estático. De pronto, una luz blanca los inundó. Elenara sintió una repentina alegría pues sabía que aquella luz acompañaba a la evolución de alguno de sus compañeros, o incluso de la propia Piyomon. Pero sus esperanzas cayeron en picado al darse cuenta de que se trataba de Tidemon, que había vuelto a su forma original, agotado. Aquel enorme ave abrió un poco el pico y habló con una voz potente, pero no malvada:

-¿Quién osa entrar en los dominios del Gran Águila del Desierto? –preguntó pausadamente.

-¿Gran… águila…? –comenzó a decir Verh, con voz temblorosa.

-Esta pequeña creía que tendría la suficiente fuerza como para hacerme frente. –dijo el pájaro, al tiempo que soltaba a Piyomon en el aire, la cual pudo volar trabajosamente hasta los brazos de Elenara. –No sois digimons… -dijo el ave prestando atención a los jóvenes. -¿Qué sois?

-Primero nos gustaría saber quién eres tú. –dijo Inrigo, con voz desafiante.

-Me parece justo. –dijo el pájaro tras unos segundos. –Mi nombre es Aquilamon, o Gran Águila del Desierto. Mis dominios son los cielos del desierto… -tras unos momentos añadió con voz frustrada. -¿Sois soldados de ese malnacido de LordSkullScorpiomon?

-¿Qué…? –Mark tardó  un rato en reaccionar. –No, ¡no! ¡Por supuesto que no! Él nos atacó hace un par de días. Nos hizo salir pitando del desierto. Somos seres humanos, y estos son nuestros compañeros digimon.

-Humanos… -dijo Aquilamon lentamente. -¿Dónde habré oído yo ese término antes…? Es igual, ¿dices que ese maldito escorpión os hacho del desierto?

-Sí, fue algo más o menos así… -explico Lisa amablemente.

Durante lo que pareció toda una hora, le explicaron entre todos como habían llegado hasta allí, como se habían encontrado con sus digimons, las evoluciones, los peligros… Todos añadiendo partes de la historia que otros se saltaban. Al final, Aquilamon asintió solemne.

-Ya veo… Mis disculpas, pues por haberos atacado. Los cielos ya no son un lugar seguro y cada uno debe proteger lo suyo. –de pronto, miró fijamente a Piyomon. –Pero tú me interesas en gran medida, Piyomon. ¿Sabías que yo también fui un Piyomon?

Esto cogió a todos por sorpresa, incluso a Verh o a Mark que parecían saber bastante de ese mundo.

-Si… Evolucioné combatiendo. –continuó Aquilamon. –Nosotros evolucionamos con el tiempo, o con entrenamiento… Piyomon, ¿te gustaría que te enseñara?

-¿A mí? –Piyomon no sabía que decir. –Bueno, pero… No tenemos mucho tiempo pero…

-Tranquila, por lo que me habéis contado, estoy seguro de que conseguiré que evoluciones. –dijo Aquilamon. –Pero estas horas recibirás un entrenamiento muy duro, puede que salgas malherida, así que te lo preguntaré: ¿Quieres entrenar para poder evolucionar?

Piyomon se lo pensó durante un par de minutos que a Elenara le parecieron horas. Ella también quería que Piyomon evolucionase, pero lo de salir malherida y no saber a ciencia cierta si lo iba a conseguir…

Piyomon asintió dos veces, dando su consentimiento a Aquilamon para comenzar el entrenamiento.

-Que dé comienzo pues. –dijo Aquilamon.

Y, rápido como el rayo, se lanzó contra Piyomon, que lo esquivó alzando repentinamente el vuelo. Aquilamon la persiguió, ganándole terreno, hasta que finalmente la golpeó con una de sus garras, haciéndole caer sobre BabyWhamon. Elenara corrió hacia ella, pero Piyomon alzó un ala desde el suelo, parándola en seco.

-No, Elenara. –dijo Piyomon seria. –Debo hacer esto yo sola.

Y alzó el vuelo, sin dar tiempo a Elenara de protestar. Esta vez, Piyomon inició el ataque, lanzando un rayo de color verde al tiempo que gritaba <<¡Fuego Mágico!>> contra Aquilamon. Este interpuso un ala entre su cuerpo y el fuego, haciendo las veces de escudo, que detuvo la llama. Piyomon se abalanzó sobre su entrenador, lanzándole potentes picotazos al cuerpo. Aquilamon tuvo problemas para zafarse de aquella acometida, debido al pequeño tamaño de Piyomon, pero, finalmente, la alejó de él golpeándola con su ala. Piyomon, tras estar a una distancia prudente, volvió a lanzar aquel fuego verde contra Aquilamon, que se protegió de nuevo con su ala. Entonces Elenara lo vio claro. Ya sabía cómo podía lograr que Piyomon lo derrotase. Sólo esperaba que esta vez su compañera la escuchase.

-¡Piyomon, ven un momento, rápido mientras está aturdido por el fuego! –gritó a pleno pulmón para hacerse oir por encima de la batalla.

Ninguno del resto del grupo había parecido notar la llamada de Elenara, pues estaban demasiado absortos por la demostración de habilidades del combate, pero Elenara sonrió al ver que Piyomon la miraba y volaba a toda velocidad hacia ella. Cuando estuvieron a pocos metros de distancia, Elenara habló.

-Piyomon, se cómo lo puedes derrotar. –dijo rápidamente. –Cuando lances tu fuego y se proteja, ataca bajo su brazo. Está totalmente desprotegido. Yo te guiare desde aquí.

-¿Cómo? Apenas podré oírte. –dijo Piyomon apurada.

-No necesitas oírme. –dijo Elenara llevándose una mano al corazón. –Recuerda a Aquamon, piensa como yo, actúa como lo haría yo. Confía en tus sentimientos, y ganarás. –tras eso, Elenara le dio un largo beso en la mejilla a Piyomon. –Confío en ti con toda mi alma.

Piyomon asintió, le devolvió el beso, y alzó el vuelto, dispuesta a seguir la maniobra de Elenara. A partir de entonces Piyomon no combatía, danzaba. Bailaba con Aquilamon en una danza de picotazos y llamas donde Piyomon llevaba la voz cantante. Aquilamon no podía sino retroceder más y más. Piyomon no era más que un destello rosa en el cielo, pero Elenara sabía dónde estaba en todo momento, lo que hacía, donde atacaría… todo. Ella compartía su alma con Valoremon y esta con la suya. Eran dos seres de dos mundos, y a la vez eran un mismo ser, conectados por una energía tan potente como la comunicación mental de Aquamon. Elenara ni siquiera vio cómo su Evolucionador pitaba y se iluminaba, ni cómo una luz blanca rodeaba a Piyomon, pues ella, al igual que su compañera, se encontraba en un éxtasis de paz y serenidad. Donde antes estuvo Piyomon ahora una enorme ave llameante ocupaba su lugar. Elenara fue vagamente consciente de que ella misma dijo:

-Piyomon, Digievoluciona. ¡Birdramon!

Ahora su fuerza era mucho mayor, pero poco importaba, pues Aquilamon ya no tenía nada que hacer, salvo retroceder. Elenara, al igual que Birdramon, extendió los brazos y luego los cerró mientras gritaba:

-¡Alas de Meteoro!

Una lluvia escarlata llamentante golpeo con fuerza a Aquilamon, el cual retrocedió inmediatamente, derrotado. Dejó de atacar, pues Birdramon también lo había hecho. El combate había terminado, pero Elenara se sentía verdaderamente feliz, no por la victoria de su compañera, que se encontraba en la misma posición que ella, unos metros más arriba, sino por su gran descubrimiento.

-Lo has conseguido. –dijo Aquilamon dolorido. –Lo has entendido a la perfección. –y dicho esto, voló en dirección contraria a la marcha de los jóvenes.

Birdramon lanzó un grito triunfal y alzó aún más el vuelo, sintiéndose libre. Elenara se dejó caer sobre la espalda del digimon ballena, tumbada, sonriente. Todos corrieron a rodearla inmediatamente, pues no sabían lo que le había ocurrido.

-¿Elenara, que ha pasado? –preguntó Mark, aun consternado por aquel increíble combate y la repentina evolución. -¿Te encuentras bien?

-Mejor que nunca. –dijo Elenara entre risas. –Me siento… Completa…

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-Lo has hecho muy bien. –dijo la sabía voz anciana.

-Lo han entendido a la perfección. –dijo Aquilamon. –La verdad, me ha gustado eso de no saber quiénes eran, ha sido divertido. Ahora solo espero que Elenara y Piyomon les enseñen el verdadero camino de la evolución.

-Lo harán, mi joven amigo. –dijo la tercera voz, voz que pertenecía a un brujo llamado Wisemon. –Créeme que lo harán.



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